domingo, 23 de febrero de 2014

Capitulo 6 Una Dudosa Reputación


Hola como están? paso rapidito a dejarles un nuevo cap y de paso le aviso que también subi cap en la otra nove ;) besos!!

Cap 6
Había perdido a su única hija, pero ahora tenía a max y a Bianca y se aferraba a ellos con la fuerza de una tigresa.
Había hecho una promesa a la madre de aquellos niños en la fría oscuridad de un hospicio, durante las tristes horas que habían precedido a su muerte y, a veces, le parecía que el regalo de aquellos gemelos era una penitencia y una bendición al mismo tiempo. Había perdido a Rose, pero podía enmendar sus errores y jamás abandonaría a Max y a Bianca
Por eso era fundamental que Pablo no descubriera la verdad y no echar por tierra sus planes.
Suspirando, se quitó los zapatos de baile y flexionó los dedos de los pies. Le dolían los pies. Los zapatos de Cenicienta eran muy hermosos, pero no podía decirse que fueran cómodos. El dolor de cabeza que había utilizado como excusa para escapar a las impertinencias de  Gastón Walters, se había hecho real. Lo único que le apetecía era estar de nuevo en su casa.
El carruaje pasó por delante de un grupo de jóvenes que bebían en las calles. Aquellas noches de calor veraniego le hicieron evocar los días en los que había trabajado como cantante en una taberna. Tenía un pasado variado, pensó con una sonrisa. La taberna, el taller de costura, la tienda… Gracias a su aspecto y al capricho del azar, había terminado dedicándose a aquel extraño trabajo de rompecorazones, un trabajo pagado por parientes decididos a poner fin a las parejas de sus nobles y ricos vástagos.
Mariana se frotó la cabeza, allí donde los diamantes adornaban su pelo. La noche había empezado de una forma perfecta. Los duques de Alton le habían presentado a Peter y éste inmediatamente se había mostrado intrigado y más que interesado en profundizar en aquella relación.
Ella había representado el papel de viuda misteriosa a la perfección. Peter y ella habían bailado juntos y le había permitido estrecharse contra ella algo más de lo que las convenciones dictaban. Todo estaba yendo como la seda. Incluso había empezado a planear el siguiente paso, otro encuentro con Peter que debería parecer casual, pero que, en realidad, sería el resultado de las maquinaciones de los duques y la traición del valet de su hijo, al que pagaban una extraordinaria cantidad de dinero para que les mantuviera al tanto de las andanzas de su señor. De esa forma, ella siempre iba un paso por delante en aquel juego. Antes incluso de conocer a su víctima, o a su misión, como ella prefería llamarle, sabía todo sobre el, conocía sus gustos, los lugares que frecuentaba, sus intereses, sus debilidades.
Conocer las debilidades era especialmente útil, tanto si el punto débil eran las mujeres, el juego, la bebida o una combinación de las tres cosas.
Era ella la que elegía y probaba el método a seguir. Medir al hombre en cuestión, aprender todo lo que había que saber sobre él, halagar sus opiniones y tratarlo con cierto toque de seducción. Ninguno había sido capaz de resistírsele.
Y así deberían ser las cosas con  Peter Alton. Un encuentro casual en el parque, una invitación a pasear, la promesa de un baile, un ligero devaneo… hasta que Peter terminara deslumbrado y rendido a sus pies.
En el caso de que fuera necesario, podría llegar incluso hasta el compromiso, antes de romperlo con el debido arrepentimiento al cabo de un mes. Ése era el plan, hasta que Pablo Martinez había aparecido dispuesto a amenazarlo.
Pensó en Pablo, en sus ojos verdes rebosantes de enfado y desprecio mientras la observaba.
Un escalofrío le hizo estremecerse. Estaba segura de que había averiguado ya que pretendía arruinar los planes de su hermana. Debía pensar que quería a Peter para ella misma, por supuesto. No era muy probable que llegara a descubrir la verdadera naturaleza de su trabajo, porque aquélla era la primera vez que Mariana pisaba Londres y trabajaba en los círculos de la nobleza.
Era arriesgado, pero teóricamente, debería estar a salvo. Por supuesto, Pablo podía revelar la verdad sobre su relación previa, pero imaginaba que tampoco él tenía ningún interés en que su encantadora heredera lo supiera.
Rocio no parecía una prometida particularmente maleable, y Mariana estaba segura de que era ella la que tenía el dinero en aquella relación.
Lo cual, la llevó a pensar en la anulación de su matrimonio. La culpa volvió a traducirse en un nudo en el estómago. Sabía que debería haber formalizado el fin de su matrimonio mucho tiempo atrás. Pero en cuanto los duques le pagaran lo prometido y Max y Bianca estuvieran a salvo, pagaría la anulación matrimonial y dejaría a Pablo libre para casarse con Rocio. Aunque aquella realidad le ocasionaba una punzada en el estómago y una tristeza recorría su cuerpo, pero no debía pensar en ello, tarde o temprano ocurriría y ella no podía pensar en aquello ya no, tenía cosas muchas más importante que ocuparse de aquello. Tendría que anular su casamiento cuanto antes y  Nunca se enteraría de que había tardado siete años en solicitarla
Abrió el bolso y sacó un pastel aplastado que había sustraído disimuladamente del salón del refrigerio. Tenía el bolso lleno de migas. No era el primer retículo que echaba a perder de esa forma. Mordió un bocado y en cuanto el dulce pastel se derritió en su lengua se sintió reconfortada. Comer siempre la hacía sentirse mejor, estuviera o no hambrienta. Tendía a comer todo lo que podía cuando tenía comida ante ella, un legado de la época en la que no sabía cuándo podría disfrutar de la siguiente comida. Era increíble que no hubiera reventado aquel vestido de seda.
A pesar de sus intentos por alejar el pasado, los recuerdos continuaban atormentándola.
 Pablo sosteniéndole la mano ante el altar mientras el sacerdote pronunciaba las solemnes palabras del servicio matrimonial.
Pablo sonriéndole mientras decía con nervios, miedos, pero a la vez ilusionado y  vergonzoso los votos. Incluso la inesperada, brusca apertura de la puerta en el momento en el que su tío había entrado en la iglesia para reclamarla.
Pablo había posado la mano en su brazo, intentando tranquilizarla, y el calor de sus ojos le había permitido mantener la calma. Mientras el la defendía. Se había sentido amada y deseada por primera vez en muchos largos y fríos años.
Por un instante, sintió un arrepentimiento tan agudo y penetrante que gimió para sí. Su primer amor había sido dulce e inocente.
Y desesperadamente ingenuo.
Simplemente el era perfecto, pero sabía que las mujeres le rondaban sin parar, eran como las abejas alrededor de la miel, y no sabía si podría enfrentarlas, si el siempre la elegiría a ella, ya que ella era pobre el no tenía mucho dinero pero las mujeres con mucho dinero lo querían tener, y hoy sabía que lo que tanto temía aquella noche había pasado, ella solo tenía su virginidad que le había entregado a el como prueba de su gran amor, pero si eso no alcanzara, si el se cansaba o buscara después una mujer con mas experiencia todas esas dudas habían estado en su mente lo amaba tanto que no iba soportar que aquello pasará, la ingenuidad, su corta edad los celos le llevaron a cometer la peor estupidez de su vida..
 Que hasta el día de hoy se arrepentía, pero el pasado debía queda allí ya nada podría hacer

Mariana se recostó contra los cojines aterciopelados del carruaje y dejó que los recuerdos se escurrieran como la arena entre sus dedos. Era tonto, devastador y absurdo recrearse en el pasado. Lo que había tenido con  Pablo Martinez había sido una fantasía infantil. En aquel momento, lo único que él sentía por ella era desprecio. Y pronto, si conseguía alejar a Peter de Soledad la odiaría mucho más.

2 comentarios:

  1. Pobre Lali a tenido q sufrir mucho y encima ahora se encuentra en una situación q por más que ella no lo quiera admitir, su corazón de cualquier manera saldrá herido mas de lo que ya esta... porque ella todavia ama a Pablo...
    Espero mas nove... nos leemos pronto!!! Besos q estes bien... :D

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  2. El pasado d Lali ,lo va a tener siempre presente.
    Jajajaj,eso d k Pablo la desprecia ,es idea suya ,y también d el ,k equivocados están.

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