domingo, 16 de febrero de 2014

Capitulo 3 Una dudosa Reputación


Hola como están?, les cuento que ando a mil estudiando ya que rindo en estos días pero me hice un tiempito para que puedan leer otro cap.

P/DCharie ya saque la verificación de palabra pero es raro que no se soluciono, voy a seguir intentando ;)

Besos!! 

CAPITULO 3
 Pablo acababa de sustituir la débil amenaza que Gastón
Representaba por algo mucho más peligroso: él mismo.
 Estaba enfrentándose a ella delante de todos los invitados de los duques de Alton. Era una actitud audaz.
—No tengo nada que decir.
Mariana mantenía la voz firme. Había dispuesto de siete largos años para aprender a protegerse. Aunque nunca le había resultado tan difícil intentar levantar sus defensas como en aquel momento, cuando tenía que protegerse de aquel hombre y de su perspicaz y contundente mirada.
Pablo se echó a reír.
—Te considero capaz de cosas mejores, Mariana. ¿Qué demonios está pasando aquí?
—No sé a qué te refieres —replicó ella.
El pulso le latía a toda velocidad. Miró a su alrededor, pero no encontraba ningún posible refugio. Comenzó a caminar lentamente a un lado de la pista de baile. Pablo la agarró del brazo, adaptando su larga zancada a los pasos más cortos de Mariana.
 Cualquiera que los estuviera observando pensaría que estaban haciendo lo que cualquier otra de las parejas de baile. Caminando por la pista y charlando con la superficial indiferencia de dos conocidos. Excepto que no había nada de superficial en la caricia de la mano de Pablo.
—Por lo menos me debes una explicación —le exigió Pablo—. Una disculpa, incluso —su tono era sarcástico—, si no es mucho pedir.
Por un instante, Mariana distinguió un sentimiento de furia en su mirada.
Una pareja que pasaba a su lado los miró con curiosidad. Era obvio que habían captado el tono de las palabras de Pablo y habían advertido la tensión que se respiraba en el ambiente.
Mariana abrió el abanico para ocultar su expresión.
—Eso fue hace mucho tiempo —intentó imprimir a sus palabras frialdad y desdén, y consiguió exactamente el tono deseado—. Sí, te dejé, pero estoy segura de que has conseguido recuperarte de esa pérdida —se interrumpió y sonrió—. No me digas que te rompí el corazón.
Le estaba provocando intencionadamente y esperaba que Pablo contestara que no había significado nada para él. Sin embargo, vio que el calor y el enfado de sus ojos se intensificaban.
—Dos años después regresé a buscarte.
A Mariana estuvo a punto de caérsele el abanico. Dos años. No lo sabía. Sintió una mezcla de amargura y arrepentimiento. Pero no habría supuesto ninguna diferencia. Habría sido demasiado tarde. Había sido demasiado tarde desde el momento en el que había escapado de su lado. 
Lo comprendía en aquel momento, con la perspectiva proporcionada por el tiempo.
Podía reconocer los errores que había cometido y comprender el sinsentido de arrepentirse de ellos siete años después.
—Solo quería asegurarme de que habías anulado nuestro matrimonio —Pablo le dirigió una mirada de frío desprecio—. Pero cuando pregunté a tus tíos, me dijeron que habías muerto —añadió entre dientes—. Una exageración, al parecer, o más bien una crueldad
La sorpresa de Mariana fue tal que estuvo a punto de desmayarse. Durante un largo y terrible momento, el salón comenzó a girar ante sus ojos. La música y las voces se alejaron, todo parecía borrarse a su alrededor. Alargó la mano y comprendió, con agradecido alivio, que habían llegado a una esquina oculta del salón de baile.
Estaban al lado de unas enormes puertas en forma de arco que se abrían a la terraza. Sintió el frío cristal contra sus dedos y una ráfaga de aire frío que penetraba en la sofocante habitación.
Elevó los ojos hacia el rostro de Pablo. La expresión de éste era dura; había convertido su boca en una línea tensa. Era visible la furia primaria que le invadía.
—¿Te dijeron que había muerto? —susurró.
Era cierto que sus tíos la habían repudiado al enterarse de que estaba embarazada y no quería renunciar a su hijo. La habían repudiado, desheredado y echado de casa. Le habían dicho que para ellos estaba muerta. Y, evidentemente, eso era lo que le habían dicho a todos los demás
El frío crepitaba en su corazón. La insensible crueldad de su familia había estado a punto de destrozarla.
 En ese momento, sentía que su maldad volvía a atacarla. Creía que no podían volver a hacerle daño, pero se equivocaba.
Pablo continuaba hablando.
—¿Era necesario llegar tan lejos? —Decía con amargo enfado—. Yo no estaba buscando una reconciliación.
Se interrumpió. Mariana sabía que estaba esperando una respuesta, pero por un momento fue incapaz de articular palabra. Eran muchas las cosas que tenía que asimilar, y a una velocidad vertiginosa. Tenía que digerir el hecho de que Pablo hubiera ido a buscarla, de que su familia le hubiera mentido. Algo que le dolía mucho más de lo que jamás habría imaginado.
—Yo…
Sentía una fuerte presión en el pecho. Intentó respirar. Sabía que debía detener aquello cuanto antes. No quería que Pablo fuera consciente de que no sabía las mentiras que le había contado su familia.
Pablo se estaba acercando demasiado a la verdad. Un descuido por su parte y estaría perdida. Si sospechaba siquiera la verdad, tendría muchas preguntas que hacerle. Preguntas sobre el pasado, sobre lo que le había sucedido y, lo más peligroso, preguntas sobre su vida y sobre los motivos que la habían llevado a Londres. 
No podía contarle nada al respecto. Tenía que protegerse a sí misma y proteger su secreto costara lo que costara. Si no, lo perdería todo.
De pronto, se alegró inmensamente de no haberle contado que su matrimonio no había sido anulado. Aquello podría resultarle muy útil en el caso de que necesitara defenderse contra él.
Mariana se enderezó y recuperó la calma. Tomó aire y buscó las palabras adecuadas para conseguir que Pablo se alejara de ella. Pero Pablo por el contrario se le adelantó.
Lo hizo con una voz ronca y cargada de sentimiento; de un sentimiento que, a pesar de los siete años pasados, le llegaron a lo más profundo del alma y le hicieron sentir con una intensidad que no había experimentado desde hacía años aún más el escuchar que pronunciara su nombre de aquella forma.
—Por todos los diablos, Mar—estalló—, eras mi esposa, no una prostituta con la que me hubiera dado un revolcón. ¿No crees que me debías algo más? ¡Escapaste de mi lado y después le pediste a tu familia que me mintiera! ¿Por qué hiciste una cosa así? Porque?, que te hice?
Había tal pasión y honestidad en sus palabras que Mariana se odió a sí misma por lo que estaba a punto de hacer, por lo que tenía que hacer para protegerse.
—Les pedí que te mintieran porque quería asegurarme de que me desharía para siempre de ti —respondió en tono ligero y despreocupado.
Las palabras no parecían querer salir de sus labios, pero se obligó a pronunciarlas. Sabía que aquello tenía que terminar cuanto antes y quería que Pablo llegara a odiarla tanto que no volviera a hacerle preguntas nunca más. No había otra manera de actuar.
—Me casé contigo porque quería que me quitaras la carga de la virginidad —.Consiguiendo esbozar una convincente sonrisa. Sabía que era buena actriz. Había adquirido mucha práctica durante los amargos años que habían seguido al repudio de su familia, cuando su capacidad de fingir se había convertido en lo único que se interponía entre ella y la inanición.
—Tras una noche de matrimonio, averigüé todo lo que necesitaba saber sobre ti, Pablo—continuó—. Quería saber lo que era el sexo y tú me lo enseñaste.
Se obligó a mirarle a los ojos. 
El rostro de Pablo esta tenso, perplejo, no podía creer lo que acaba de escuchar apretaba la mandíbula mientras la oía destruir por completo el amor que habían compartido.
—Fue delicioso, maravilloso —se encogió ligeramente de hombros, acompañando con aquel gesto su tono indiferente—, pero después de haberte seducido, ya no tenías para mí ninguna utilidad.
Aquello debería bastar para hacerle despreciarla, se dijo. Ningún hombre aceptaría tamaño golpe a su orgullo. Se volvió para escaparse.
Pero Pablo detuvo su huida agarrándola por la muñeca y obligándola a acercarse a él. El cuerpo entero de Mariana se tensó ante aquel contacto. Todas las fibras de su ser despertaron en Pablo como si jamás se hubieran separado. El color fluyó a sus mejillas, caldeando cada centímetro de su piel, haciéndola sentirse viva y sensible como no había vuelto a serlo desde entonces.
Vio que Pablo deslizaba la mirada lentamente sobre ella, en una insolente apreciación de su estado de excitación. Posó la mirada en el escote del vestido que Mariana había elegido para atrapar a Peter. Por primera vez durante aquella velada, Mariana deseó que fuera más discreto. Sentía la mirada de Pablo sobre las curvas de sus senos como la más sensual de las caricias.
—Un momento —dijo Pablo.
Su voz sonaba queda en medio del bullicio del salón, el tintineo de la música y el clamor de voces. Queda, pero con un filo de acero.

—Esta vez no te alejarás de mí hasta que yo lo decida. Esta vez permanecerás a mi lado hasta que a mí me plazca —le advirtió con los ojos llenos de furia.

3 comentarios:

  1. K oretende Pablo?.....jajaja k sea suya d nuevo? .
    Rocio debe estar x aparecer,con lo celosa k es.
    El secreto d Mariana..ummmm cuando Pablo descubra k tiene un hij@,k le dira
    Intrigada quiero mas.
    Besos .K estes bien.

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  2. Ya esta solucionado,no me pidio nada.

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  3. AL DIA CON LA NOVE Y TE CONFIESO QUE ME TIENE MAS Q ENGANCHADISIMA...
    ESTA HISTORIA TIENE MUCHO Q CONTAR Y RECIEN EMPIEZAAAA!!!
    Ya quiero mas nove!!! Besos y espero leerte pronto!!! :D

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