Hola como están? Bienvenidas a Todas a mi nuevo blog!!!
Hace rato le había prometido que venía con una sorpresa y acá esta tarde pero seguro! jajaja
Es una Adaptación corta, muy diferente a mi otra nove jajaj, pese a que es una adaptación, cambie algunas cosas, espero que les guste!!..
Como ya esta casi esta terminada solo me falta detalles, pero es casi al final a medida que vayan leyendo voy a ir subiendo más seguido que en mi otra nove.
Desde ya le aviso que es una adaptación diferente pero a mi me gusto, espero que a ustedes también..
Hoy les dejo la sinopsis y el primer capitulo que lo disfruten!
P/D= acá les dejo el link de una nueva adaptación de mi amiga caro para las que no leyeron obviamente todo es pablali! :)
http://100presimonella.blogspot.com.ar/
Besos!
Jessy
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Sinopsis:
La peligrosamente seductora, y
pecaminosamente bella, Mariana Esposito
era la persona más buscada en los círculos de la alta sociedad de Londres como Rompe relaciones.
Pagada por padres adinerados que querían
separar a sus hijos de mujeres a las que no consideraban convenientes, jamás
había fallado en su misión de distraer al futuro prometido.
Hasta que su última
misión la obligó a encontrarse cara a cara con el hombre que en el pasado le
había impartido una íntima clase sobre corazones rotos.
Pablo Martínez tenía todo lo que siempre
había querido: un título, una prometida rica y un lugar en la alta sociedad.
Pero la mujer con la que acababa de cruzar la mirada en un abarrotado salón
amenazaba con destruir todo lo que hasta entonces había conseguido.
Y no
porque Mariana hubiera reclamado su corazón en otro tiempo, o porque sus
sinuosos movimientos le hubieran dejado sin respiración. Sino porque los
secretos que guardaba podían costarle todo lo alcanzado.
Para dejar el pasado definitivamente
atrás, Pablo tendría que enfrentarse a Mariana con sus mismas
armas...
Capítulo 1
A
los veinte siete años Pablo Martínez
tenía todo lo que un hombre podía desear. Un lugar entre la alta sociedad, una
prometida rica, bella y un título.
Aun así, la noche que su primera esposa
regresó a su vida tras siete años de ausencia, estaba aburrido. Todo lo
aburrido que podía llegar a estar un caballero en el temporada de bailes
londinense.
Era
otra noche más de exceso, despilfarro y entretenimiento vacíos. Los duques de
Alton organizaban las mejores fiestas de la ciudad: opulentas, de buen gusto y
exclusivas. Pero para Pablo, aquélla sería otra noche más empleada en conseguir
limonada para Rocio cuando ésta estuviera sedienta, en localizar su abanico
cuando lo perdiera y en adular a la mamá de Rocio, que no lo soportaba y,
probablemente, ni siquiera supiera su nombre a pesar de que llevaban ya dos
años juntos.
En otra época de su vida, Martinez había
tenido que enfrentarse a los elementos en la cubierta de un barco azotado por
la lluvia, había tenido que trepar y aparejar las jarcias y había luchado por
su vida. Cada día entrañaba nuevos peligros, nuevas emociones.
Habían
pasado solamente dos años desde entonces, pero tenía la sensación de que había
transcurrido más de un siglo. Últimamente, no tenía que enfrentarse a nada más
peligroso que ir a recoger su abrigo, tenderle a Rocio el bolso o hacer alguno
otra cosa sin importancia y sin peligro alguno.
—¿Estás
celoso, Pablo? —le preguntó su hermana Soledad, posando la mano en su brazo.
Pablo
se dio cuenta de que estaba mirando
detenidamente a Rocio que bailaba en la pista de baile, mientras ella giraba al
ritmo del vals en los brazos de su primo Gastón Walters. Soledad no era la
única que había notado su actitud.
Reconoció miradas de reojo y mal disimulada
diversión a su alrededor.
Todo
el mundo pensaba que él era muy celoso
ya que era bastante serio cuando Rocio se hacía notar y otras veces
simplemente se la terminaba llevando
antes que acabara el baile, seguro le molestaba
que Roció fuese una consumada coqueta, y que solía llamar la atención de
otros hombres, seguro después de aquellas escenas tendría ella que darle buenas
explicaciones y compensarlo
demostrándole que él era el único, así que por esta razón las personas pensaban
que él lo soportaba
Pablo
solo sonrió ante el comentario de su hermana, si de verdad hubiera sido celoso,
se habría pasado el día batiéndose en duelo, pero para estar celoso había que
estar enamorado y a él le daba exactamente igual que Rocio fuese a coquetear
con otros hombres.
—No
estoy en absoluto celoso.
Soledad
recorrió su rostro con sus enormes ojos verdes, buscando algún gesto que le
indicara que estaba intentando engañarle.
—No
es ningún secreto que los condes de Brooke prefieren a Gastón como marido para
Rocio—le advirtió.
Pablo
se encogió de hombros.
—Los
condes preferirían hasta un perro con moquillo como marido de Rocio, pero la
cuestión es que Rocio me quiere a mí.
—Y
Rocio siempre consigue lo que quiera —había cierto deje afilado en la voz de
Soledad.
Pablo
miró a su hermana. Soledad todavía no
tenía lo que quería, aunque llevaba meses esperándolo. Peter Alton, hijo único
y heredero de los duques, llevaba tiempo dedicando a Soledad una notable
atención.
Tan
notorio trato solo podía terminar de forma respetable con una propuesta de
matrimonio, pero hasta entonces, Peter no se había declarado, y estaban
comenzando a correr los rumores.
La
alta sociedad, no había sido en absoluto amable con ellos. Desde el primer
momento les habían considerado motivo de escándalo a él y a Soledad en
particular.
Carecían
de un origen noble y no tenían dinero. Pablo al menos había conseguido hacer una
carrera en la Marina antes de recurrir a buscar una fortuna. Soledad solo
contaba con su belleza y su vivaz personalidad para causar una buena impresión.
Las mujeres siempre lo tenían más difícil
No
te gusta Rocio—comentó Pablo viendo la mirada burlona de su hermana.
—No
me gusta lo que ha hecho de ti —replicó—. Te has convertido en una de las
mascotas de Rocio, y encima pareces todo el tiempo malhumorado.
Aquello
le dolió.
—Un
pequeño precio a pagar a cambio de lo que busco —respondió Pablo
Dinero,
estatus. Llevaba siete años buscándolo.
Había
nacido sin nada y no tenía intención de volver a sufrir la pobreza de su juventud.
Por
fin lo tenía todo a su alcance y si para conseguirlo tenía que convertirse en
el perrito faldero de Rocio al menos hasta un tiempo más, hasta que esté lista
para casarse lo haría, conocía peores
destinos. O, por lo menos, eso se decía a sí mismo.
—Tú
no eres mejor que yo —le recordó a su hermana, consciente de que estaba
acercándose peligrosamente al ojo por ojo que había presidido su relación
durante la infancia—. Tú también has atrapado a un marqués.
Soledad
cerró el abanico con un gesto con el que expresaba un profundo orgullo.
—No
seas vulgar, Pablo. Yo no me parezco nada a ti.
Es
posible que también sea una cazafortunas, pero yo amo a Peter. Y, en cualquier
caso, todavía no le he atrapado.
—Seguro
que pronto te propondrá matrimonio —la consoló Pablo.
Había
advertido cierta inseguridad en la voz de su hermana que evidenciaba la poca
confianza que tenía en sí misma.
Pablo
quería tranquilizarla, aunque pensaba que Peter Alton no era un hombre suficientemente
bueno para Soledad.
—Peter
también te quiere —le aseguró, esperando tener razón—. Solo está esperando el
momento adecuado para dar la noticia a sus padres.
—Ese
momento no llegará nunca —respondió Soledad secamente.
—Debes
de querer mucho a Peter para estar dispuesta a soportar a la duquesa de Alton
como suegra.
—Y
tú debes de desear mucho el dinero de Rocio para estar dispuesto a soportar a
la condesa de Brooke —replicó Soledad.
—Así
es.
Soledad
sacudió ligeramente la cabeza.
—No
merece la pena, Pablo. Terminarás odiándola.
—Estoy
convencido de que tienes razón. De hecho, ya me desagrada bastante.
—Me
refería a Rocio —repuso Soledad, con los ojos fijos en las parejas que bailaban—,
no a su madre.
Aunque si Rocio va pareciéndose a su madre a
medida que envejezca, también será difícil de soportar.
Pablo no podía negar que era una perspectiva en
absoluto halagante
—Si
Peter termina pareciéndose a su madre, podrás exprimirle como a un limón.
-Replico
La
duquesa de Alton era una mujer muy agria, siempre con la boca apretada en un
gesto que advertía de su mal carácter.
Soledad
se echó a reír.
—Peter
no se parecerá a sus padres.
Pero
la risa no tardó en desaparecer de su rostro y comenzó a juguetear nerviosa con
el encaje de su abanico.
Últimamente,
pensó Pablo, Soledad había perdido parte de su chispa. En aquel momento la vio
buscando a Peter con la mirada en el abarrotado salón.
Sus
sentimientos eran más que evidentes.
Pablo
sintió entonces la necesidad de protegerla. Soledad lo había apostado todo a la
posibilidad de un compromiso y Peter, un hombre simpático, pero arrogante y
consentido en igual medida, era consciente de su estima y estaba jugando con su
reputación.
Soledad se merecía algo mejor.
Pablo
apretó los puños a ambos lados de su cuerpo. Un paso fuera de lugar y le haría
tragarse a Peter la cucharilla de plata que le habían metido en la boca nada
más nacer.
—Pareces
furioso —dijo Soledad, apretándole el brazo.
—Lo
siento —Pablo volvió a suavizar su expresión. Le sonrió—. No nos ha ido mal,
para ser dos huérfanos del condado de Galway
Soledad
no contestó y Pablo advirtió que estaba de nuevo pendiente del vals, que giraba
en aquel momento hacia su triunfante clímax.
Peter
un hombre moreno, alto y distinguido, estaba al final del salón, casi perdido
entre los danzantes. Formaba pareja con una mujer vestida en un traje de gasa
plateado, una mujer que no pasaba del metro cincuenta y cinco de alto, de
cabello oscuro, con una figura perfecta, nada opulentosa, casi menuda pero sus
encanto muy bien distribuido Hacían una pareja magnífica.
Peter
siempre había tenido debilidad por los rostros hermosos. Al igual que su prima
Rocio, pretendía casarse con alguien a quien pudiera exhibir como trofeo.
Pero
aquella mujer no se parecía a las damas con las que habitualmente coqueteaba
Peter, Había algo en su forma de moverse, en la cadencia de sus pasos, su
cuerpo sensual que Pablo reconoció de inmediato a pesar de no haberle visto el
rostro.
—¿Quién
es esa mujer? —preguntó con la voz ligeramente ronca.
Algo
extraño, una premonición, cosquilleaba por su espalda. Él era el menos
supersticioso de los hombres, pero sintió un aire frío acariciando su piel a
pesar de que en el salón de baile de los duques de Alton el calor era
sofocante.
Comprendió
que Soledad también había sentido algo.
Estaba
tan tensa como las cuerdas de un violín y había palidecido. Un estremecimiento
recorrió su cuerpo.
—Una
mujer rica —contestó con amargura—. Una mujer muy bella y conveniente para
Peter que, seguramente, le han presentado sus padres esta noche para que me
olvide.
—Tonterías
—la tranquilizó—. Será otra mujer con cara de caballo nacida de esas relaciones
endogámicas que…
—Pablo
—le reprochó Soledad, en el momento que una noble viuda pasaba por delante de
ellos con gesto de manifiesta desaprobación.
La
música terminó con un sonoro acorde y hubo aplausos en el salón. Peter caminó
hacia ellos junto a su pareja.
Era
obvio que pretendía presentarle a Soledad.
Pablo
no estaba seguro de si aquello debería tranquilizarle o preocuparle.
—¡Pablol!
—también Rocio acudió a su encuentro, efusiva, jadeante y sonrojada,
arrastrando a Gastón Walters tras ella—. ¡Ven a bailar conmigo!
Por
primera vez desde que podía recordar, Pablo no obedeció inmediatamente a las
insistentes demandas de Rocío
En cambio, observaba con atención a la mujer
que acompañaba a Peter.
La recién llegada no estaba en los albores de
la adolescencia, se aproximaba quizá más a su edad que a la de Soledad, o a la
de Rocio.
La edad, o la experiencia, o ambas cosas
quizá, le infundían una confianza de la que no parecía consciente.
Caminaba
con la misma elegancia con la que Pablo la había visto bailar, con una
desenvoltura que acentuaba el sinuoso vuelo del vestido de gasa.
La
tela acariciaba sus senos y sus caderas envolviéndolos como el beso de un
amante. Miro a su alrededor y vio que no había un solo hombre en el salón, que
no estuviera mirándola fijamente, con la boca seca de deseo y la mente poblada
de imágenes que intentaban reproducir aquellas curvas desnudas, algunos hasta
fueron incapaz de refrenar el deseo que se veía que llevaban la mano hacia su
entrepierna disimuladamente tarando de calmarse, otros bebían cómo si quisieran
apagar el deseo o reparar la sequedad de sus boca.
Era
una mujer blanca, con una piel que parecía de seda casi dorada. El contraste
entre sus ojos grandes, de color marrón intensos y el pelo castaño oscuro, era
impactante, excitante, incluso, su cuerpo tenían las proporciones perfectas.
Le daban un aspecto frágil y mágico, como el
de un hada, demasiado exótico para ser humano.
Llevaba
el cabello recogido, en lo alto de la
cabeza el peinado era sujeto por una peineta de resplandecientes diamantes.
Unas joyas a juego adornaban su esbelto cuello y sus muñecas. No era una
pariente pobre, por tanto. Tenía un aspecto magnífico.
Sin
embargo su forma de vestir no era precisamente a una dama, o mejor dicho a una
dama normal, era sumamente sexy, para nada pudorosa, si no fuera porque su
escote llegaba a la medida justa que impedía ver sus magníficos atributos, se podía
hasta dudar que fuese una Decente Dama, pero no como pensar aquello, tenía
clase, tenía sensualidad natural, que en su forma de vestir te dejaba con la
boca abierta, dejándote a la imaginación sus atributos llevándote a querer
verla desnuda, sin duda esa Dama no parecía Humana era sin duda Un Hada
Pero
una extraña Razón le resultaba curiosamente familiar aquellas curvas perfectas.
A
Pablo se le paralizó el corazón para, casi inmediatamente, comenzar a latirle a
toda velocidad. Por un instante, se sintió como si todo se hubiera detenido: la
música, las conversaciones, la respiración. Durante largo rato, fue incapaz de
hablar o pensar.
Habían
pasado siete años desde la última vez que había visto a Mariana. Su último
recuerdo de ella no era fácil de olvidar:
Mariana
gloriosamente desnuda y profundamente dormida en la cama que habían compartido
tras su apasionada noche de bodas. Cuando aquella noche había apagado las
velas, Pablo no sabía que no volvería a verla nunca más.
A
la mañana siguiente, Mariana había desaparecido, y, con ella, su matrimonio.
Ese
mismo día, le había hecho llegar una nota. En ella le decía que todo había sido
un terrible error, y le suplicaba que no fuera tras ella. Había dicho que
buscaría ella misma la anulación del matrimonio. Joven y orgulloso como era,
enfadado, traicionado y herido, Pablo la había dejado marchar.
Dos
años después, tras regresar de su primera misión en la Marina Real, había
reconsiderado el abandono de su traidora esposa y había viajado hasta Escocia
con intención de encontrarla.
Se
había dicho a sí mismo que era solo por curiosidad, para asegurarse de que
había sido efectiva la anulación de su matrimonio. Tenía planes para el futuro,
proyectos ambiciosos, y en ellos no estaba incluida una joven a la que había
seducido y con la que se había casado en un impulso, y que se arrepentía de
cometer tal estupidez,. Rompió a sudar al recordarse llamando a la puerta de la
rectoría para enfrentarse a los tíos de Mariana. Estos le habían dicho que
Mariana había muerto.
Todavía
podía recordar la fuerte impresión que había derrotado a su determinación.
En
ese momento ya no lo pudo negar amaba aún a Mariana mucho más de lo que
pensaba, necesitaba saber porque se había ido, porque lo abandono en su noche
boda, quería una explicación pero sobre todo una posible reconciliación aún
seguía enamorado de ella, la extrañaba y todo se había perdido Mariana había
muerto.
Pero
en aquel momento, Mariana le parecía muy viva.
El
enfado y la perplejidad batallaban en su interior, no podía creer lo que veía.
Se
enfrentó a su indiferente e ignorante mirada y una segunda oleada de furia
rugió en su interior. Mariana estaba fingiendo no conocerlo.
—¡Pablo!
Rocio
no paraba de llamarlo insistentemente y le tiraba de la mano, reclamando su
atención.
Rocio,
su prometida, una mujer rica, bien relacionada que iba a proporcionarle todo lo
que siempre había querido.
Pablo
nunca le había hablado de su precipitado y fracasado primer matrimonio, o más
bien de la estupidez que había hecho.
Eran muchas las cosas que no le había contado
a Rocio.
Se
decía a sí mismo que era porque había puesto fin a sus indiscreciones del
pasado, pero lo cierto era que su prometida era una mujer muy celosa y posesiva
y no podía predecir su reacción ante una revelación como aquélla.
Pablo
no quería ponerla a prueba y arriesgar el castillo de naipes que había levantado
para sí mismo y para Soledad.
Un
gélido cosquilleo de tensión descendió por su espalda.
Su
furia creció con tan solo ver que mariana estaba viva y que le había mentido de
tal forma, después de abandonarlo después de su noche de bodas, ya no sentía
más nada por mariana pero el daño que ella le podría llegar a hacerle era incalculable.
Si
revelaba el más mínimo detalle de su pasado, Rocio pondría fin a su compromiso
y Pablo perdería todo aquello por lo que tanto había trabajado.
Observó
que Mariana se acercaba y posaba la mano en el brazo de Peter con un gesto de
evidente confianza. Inclinaron la cabeza el uno hacia el otro. Ella le sonreía
a su acompañante como si fuera el hombre más fascinante del universo.
Pablo
vio como Peter parecía completamente deslumbrado. Se sonrojaba como un joven
enamorado por primera vez.
Mariana
alzó la mirada y la cruzó con la de Pablo durante un largo momento.
Pablo
no fue capaz de interpretar su expresión. Continuaba sin haber en ella ninguna
señal de reconocimiento y no había el menor rastro de nerviosismo en su
comportamiento, no lo podía creer, pestañeo varias veces para asegurarse de que
aquello era real.
Pablo
sintió frío, mucho frío. Se enderezó, cuadró los hombros y se preparó para ser
presentado a su esposa, que creía fallecida.

Holaaa percha quiero ser la primera en comentar porque dejame decirte me encanto este comienzo por lo que veo Mairiana es una mujer decidida y Pablo tiene lo suyo quiero ver que pasa en ese primer encuentro, me gusta que sea Peter el tercero en discordia bueno mas bien cuarto porque tambien esta Rocio jajaja me encanta esta nueva adaptacion percha quiero mas capis obviooo y me intriga mucho saber porque Mariana lo abaandono en la noche de bodas , sus motivos habra tenido, bueno me voyyendo , besos y espero muchos mas caps jjajja
ResponderEliminarJajajja,sigo sin poder comentar mucho .
ResponderEliminarAsí k lo mismo k dijo Caro.
Quiero saber dl xk d ese abandono.
Me estáis haciendo super feliz con las novelas d época.
Jess !!!!!,quita la verificación d Palabras
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarhola saber me gusta la novena pablali saber donde puede leer mas nove
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