CAP
15
—No
—contestó Pablo al cabo de unos segundos. Un ceño se insinuaba en su frente—.
No parece que te preocupe. Qué extraño —dijo en tono pensativo—. Eso solo
significa que Peter te importa muy poco.
Mariana
se encogió ligeramente de hombros. No iba a fingir por Peter un afecto que no
sentía. Peter descubriría su mentira. Parecía conocerla suficientemente bien
como para comprender lo que realmente sentía.
—Cualquier
mujer que confíe en la fidelidad de un hombre está condenada a sufrir una
desilusión.
Pablo
la miró con los ojos brillantes y expresión impasible.
—Una
filosofía bastante negativa de la vida —musitó.
—Y
realista —replicó ella con cierta
amargura, incapaz de contenerse.
—Siento
que hayas tenido que llegar a esa conclusión. No sabía que tu marido fuera un
mujeriego —se interrumpió—. ¿O te refieres a tus amantes?
—No
pienso hablar de mis amantes —replicó Mariana, molesta al considerarla capaz de
tener amantes.
Pablo
esbozó una mueca.
—Bueno,
por lo menos eso es algo que a mí no puedes reprocharme —musitó—. No me diste
la oportunidad de serte infiel. Escapaste demasiado rápido del lecho nupcial.
—No
estoy hablando de nosotros, y prefiero que cambiemos de tema. ¿te ha gustado la
primera parte de la actuación, Pablo? —preguntó, cambiando también de
tratamiento y de tono.
—
la actuación ha sido insuperable —había cierta amargura en su voz—, pero no la
he disfrutado particularmente —giró en la silla para mirarla directamente a los
ojos—. ¿O te referías a la obra de teatro?
—Esta
noche pareces decidido a discutir conmigo.
—Sí
—se mostró de acuerdo Pablo—, supongo que sí —soltó una carcajada—. Considero
que has fingido perfectamente tu entusiasmo cuando seguramente la obra te ha
resultado aburrida.
—Eso
no es cierto —protestó Mariana, un tanto dolida por su cinismo—. Adoro el
teatro. Viendo una obra, uno puede escapar de la realidad y…
Se
interrumpió bruscamente, consciente de que estaba proporcionando más información
de la que pretendía. Pablo siempre tan astuto, había sido consciente de su desliz.
—Qué
interesante —comenzó a decir lentamente—. Con la vida de la que disfrutas, ¿por
qué queres escapar, Mariana perdón Caroline? ¿O de que querrías escapar?
—preguntó Pablo divertido, pasando a una mirada intensa llena de especulaciones.
Se
miraron a los ojos y, una vez más, Mariana sintió la afinidad que había entre
ellos. Se obligó a desviar la mirada y se encogió despreocupadamente de
hombros.
—
solo pretendía decir que disfruto mucho del teatro.
—Sí,
veo que te atrae —respondió Pablo con cinismo. Se
reclinó en su asiento—. ¿No preferís otro tipo de diversiones más activas? Como
perseguir a jóvenes de la nobleza, por ejemplo.
—Nunca
persigo a más de uno a la vez —respondió Mariana molesta.
Experimentó
un inmenso alivio al advertir que había conseguido distraer a Pablo de aquel
desliz. Pero, al mismo tiempo, se apoderó de ella una sensación de vacío y
pesar por no poder ser sincera con él, y por saber que el le considerada una
prostituta eso le dolía mucho más de lo que quería admitir.
—Petere
es mayor que yo. Sin embargo, hablas como si yo fuera una especie de
asaltacunas.
—Es
posible que sea mayor en años, pero es como si fuera un corderito al que estas
llevando al matadero.
Mariana
ahogó una risa.
—Qué
ridiculez. Peter no es ningún joven ingenuo. Es un peligroso libertino.
—Lo
que, evidentemente, no te asusta.
Mariana
negó con la cabeza.
—Tengo
demasiados años y experiencia como para que me asuste un libertino.
—¿Quizá
haya sido su mala reputación la que te atrae? Oh, lo olvidaba —dijo Pablo,
mirándola con estudiada insolencia—, tu propia falta de moralidad y principios debería
ser suficiente para ambos, ya que sos una prostituta.
El
ambiente del teatro, sofocante en aquella húmeda y calurosa noche de verano,
pareció congelarse de pronto.
—¿Estas
intentando decirme algo, Pablo? —preguntó Mariana con voz fría y molesta,
aguantando el dolor que le causaba que el la llamara así.
—Sí
—respondió Pablo—, y creo que tengo que ser sincero con vos —se interrumpió—.
Estoy seguro de que sos consciente de que Peter va a casarse con mi hermana
Soledad, ¿no es cierto?
Su
tono rotundo no entrañaba amenaza alguna, pero aun así, ella se estremeció.
Sabía desde hacía tiempo que Pablo no tardaría en lanzarle abiertamente su
advertencia, y allí estaba, aquél era el momento que tantas veces había
anticipado. Le miró por debajo de sus largas pestañas.
—Perdonadme,
pero, ¿de verdad queres que tu hermana se case con un marqués tan mujeriego?
Pablo
profundizó su sonrisa.
—Peter
no engañará a Soledad cuando estén casados —respondió con vehemencia—. Yo me
encargaré de que lo entienda.
—te
estas engañando a vos mismo —le advirtió Mariana. Esperó la respuesta de Pablo pero
éste no dijo nada. Su rostro parecía esculpido en piedra—. Seguro que para vos
representa una contradicción —no estaba segura de que debiera continuar con
aquella conversación, pero no fue capaz de contenerse—. Queres que Soledad se case con Peter para que pueda disfrutar de
todo aquello a lo que le das valor. Queres que tenga un título, dinero y
estatus. Pero el precio a pagar es demasiado alto, ¿no es cierto? El precio de
ver a tu hermana humillada por las infidelidades de su marido es excesivo como
para…
Pablo
la interrumpió agarrándola por la muñeca.
—Sos
la menos indicada para decirme esas cosas, vos también valoras esas cosas,—dijo
entre dientes—. Queres más dinero, y también un mejor título, de modo que no
creo que estes en condiciones de sermonearme, mi hermana al menos está
enamorada pero vos solo sos una prostituta – sentencio con una mirada lleno de
filo que la atravesó sin compasión dejándola al borde del llanto
Mariana
se liberó de su mano bruscamente y tomó aire para tranquilizarse y recuperar el
control que había estado a punto de perder, conteniendo las lágrimas.
Era peligroso hablar tan abiertamente. Sabía
que estaba tocando un punto sensible para él, pero al hacerlo, estaba cuestionando sus
propias motivaciones. Pablo pensaba que quería casarse con Peter por su título
y por su dinero. Y ella tenía que recordar que ésa era precisamente la idea que
pretendía alimentar. Nadie podía sospechar cuál era su verdadera misión, o
estaría perdida.
Acarició
la gasa dorada del vestido.
—Es
cierto. Adoro las telas caras —le dirigió una provocadora sonrisa—. La señorita
Soledad y el marqués no están
formalmente comprometidos, ¿no es cierto?
Pablo
la miró con el ceño fruncido.
—Digamos
que hay cierto entendimiento entre ellos —Pablo endureció su tono.
—Un
entendimiento —repitió Mariana. Suspiró—. Pero también los malentendidos son
algo frecuente, ¿verdad, ? Una joven atractiva cree haber despertado el interés
de un noble, pero de repente… —se encogió de hombros—, aparece una mujer más
atractiva y capaz de distraer la atención de este último.
—Una
persona peligrosa y manipuladora —dijo Pablo. Había abandonado toda apariencia
de cortesía. Una abierta antipatía teñía sus palabras—. Permitime que sea sincero. Asumo que tu intención es apartar a Solead y
casarte con Peter, ¿no es cierto?
—Eso
no es asunto tuyo —replicó Mariana.
—Te
equivocas—le advirtió Pablo—. Claro que es asunto mío. En tanto que soy tu ex marido…
Tenía
la impresión de la palabra ex-marido, implicaba que el matrimonio había
terminado. No creo que un ex-marido juegue papel alguno en las decisiones de su
ex-esposa. Repito, esto no es asunto tuyo.
Pablo
cambió de postura y se alejó de ella, lo que permitió que Mariana volviera a
respirar. Presionó las manos en el regazo y deseó que Peter regresara para que
Pablo se viera obligado a abandonar aquel interrogatorio. Cerró los ojos con
fuerza. Pero sus ruegos no fueron escuchados porque cuando volvió a abrir los
ojos, Peter continuaba sin aparecer y Pablo la observaba con expresión
especulativa.
—Hay
algo sospechoso en todo esto —comenzó a decir Pablo lentamente.
A
Mariana le latía con fuerza el corazón.

Jajajajajaja,ex marido .Ya quiero leer lo k tiene para decir cuando se entere k aún sigue casado con MAriana
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