lunes, 21 de abril de 2014

Capitulo 15

CAP 15

—No —contestó Pablo al cabo de unos segundos. Un ceño se insinuaba en su frente—. No parece que te preocupe. Qué extraño —dijo en tono pensativo—. Eso solo significa que Peter te importa muy poco.
Mariana se encogió ligeramente de hombros. No iba a fingir por Peter un afecto que no sentía. Peter descubriría su mentira. Parecía conocerla suficientemente bien como para comprender lo que realmente sentía.
—Cualquier mujer que confíe en la fidelidad de un hombre está condenada a sufrir una desilusión.
Pablo la miró con los ojos brillantes y expresión impasible.
—Una filosofía bastante negativa de la vida —musitó.
—Y realista —replicó ella  con cierta amargura, incapaz de contenerse.
—Siento que hayas tenido que llegar a esa conclusión. No sabía que tu marido fuera un mujeriego —se interrumpió—. ¿O te refieres a tus amantes?
—No pienso hablar de mis amantes —replicó Mariana, molesta al considerarla capaz de tener amantes.
Pablo esbozó una mueca.
—Bueno, por lo menos eso es algo que a mí no puedes reprocharme —musitó—. No me diste la oportunidad de serte infiel. Escapaste demasiado rápido del lecho nupcial.
—No estoy hablando de nosotros, y prefiero que cambiemos de tema. ¿te ha gustado la primera parte de la actuación, Pablo? —preguntó, cambiando también de tratamiento y de tono.
— la actuación ha sido insuperable —había cierta amargura en su voz—, pero no la he disfrutado particularmente —giró en la silla para mirarla directamente a los ojos—. ¿O te referías a la obra de teatro?
—Esta noche pareces decidido a discutir conmigo.
—Sí —se mostró de acuerdo Pablo—, supongo que sí —soltó una carcajada—. Considero que has fingido perfectamente tu entusiasmo cuando seguramente la obra te ha resultado aburrida.
—Eso no es cierto —protestó Mariana, un tanto dolida por su cinismo—. Adoro el teatro. Viendo una obra, uno puede escapar de la realidad y…
Se interrumpió bruscamente, consciente de que estaba proporcionando más información de la que pretendía. Pablo siempre tan astuto, había sido consciente de su desliz.
—Qué interesante —comenzó a decir lentamente—. Con la vida de la que disfrutas, ¿por qué queres escapar, Mariana perdón Caroline? ¿O de que querrías escapar? —preguntó Pablo divertido, pasando a una mirada intensa llena de especulaciones.
Se miraron a los ojos y, una vez más, Mariana sintió la afinidad que había entre ellos. Se obligó a desviar la mirada y se encogió despreocupadamente de hombros.
— solo pretendía decir que disfruto mucho del teatro.
—Sí, veo que  te  atrae —respondió Pablo con cinismo. Se reclinó en su asiento—. ¿No preferís otro tipo de diversiones más activas? Como perseguir a jóvenes de la nobleza, por ejemplo.
—Nunca persigo a más de uno a la vez —respondió Mariana molesta.
Experimentó un inmenso alivio al advertir que había conseguido distraer a Pablo de aquel desliz. Pero, al mismo tiempo, se apoderó de ella una sensación de vacío y pesar por no poder ser sincera con él, y por saber que el le considerada una prostituta eso le dolía mucho más de lo que quería admitir.
—Petere es mayor que yo. Sin embargo, hablas como si yo fuera una especie de asaltacunas.
—Es posible que sea mayor en años, pero es como si fuera un corderito al que estas llevando al matadero.
Mariana ahogó una risa.
—Qué ridiculez. Peter no es ningún joven ingenuo. Es un peligroso libertino.
—Lo que, evidentemente, no te asusta.
Mariana negó con la cabeza.
—Tengo demasiados años y experiencia como para que me asuste un libertino.
—¿Quizá haya sido su mala reputación la que te atrae? Oh, lo olvidaba —dijo Pablo, mirándola con estudiada insolencia—, tu  propia falta de moralidad y principios debería ser suficiente para ambos, ya que sos una prostituta.
El ambiente del teatro, sofocante en aquella húmeda y calurosa noche de verano, pareció congelarse de pronto.
—¿Estas intentando decirme algo, Pablo? —preguntó Mariana con voz fría y molesta, aguantando el dolor que le causaba que el la llamara así.
—Sí —respondió Pablo—, y creo que tengo que ser sincero con vos —se interrumpió—. Estoy seguro de que sos consciente de que Peter va a casarse con mi hermana Soledad, ¿no es cierto?
Su tono rotundo no entrañaba amenaza alguna, pero aun así, ella se estremeció. Sabía desde hacía tiempo que Pablo no tardaría en lanzarle abiertamente su advertencia, y allí estaba, aquél era el momento que tantas veces había anticipado. Le miró por debajo de sus largas pestañas.
—Perdonadme, pero, ¿de verdad queres que tu hermana se case con un marqués tan mujeriego?
Pablo profundizó su sonrisa.
—Peter no engañará a Soledad cuando estén casados —respondió con vehemencia—. Yo me encargaré de que lo entienda.
—te estas engañando a vos mismo —le advirtió Mariana. Esperó la respuesta de Pablo pero éste no dijo nada. Su rostro parecía esculpido en piedra—. Seguro que para vos representa una contradicción —no estaba segura de que debiera continuar con aquella conversación, pero no fue capaz de contenerse—. Queres que Soledad  se case con Peter para que pueda disfrutar de todo aquello a lo que le das valor. Queres que tenga un título, dinero y estatus. Pero el precio a pagar es demasiado alto, ¿no es cierto? El precio de ver a tu hermana humillada por las infidelidades de su marido es excesivo como para…
Pablo la interrumpió agarrándola por la muñeca.
—Sos la menos indicada para decirme esas cosas, vos también valoras esas cosas,—dijo entre dientes—. Queres más dinero, y también un mejor título, de modo que no creo que estes en condiciones de sermonearme, mi hermana al menos está enamorada pero vos solo sos una prostituta – sentencio con una mirada lleno de filo que la atravesó sin compasión dejándola al borde del llanto
Mariana se liberó de su mano bruscamente y tomó aire para tranquilizarse y recuperar el control que había estado a punto de perder, conteniendo las lágrimas.
 Era peligroso hablar tan abiertamente. Sabía que estaba tocando un punto sensible para él,  pero al hacerlo, estaba cuestionando sus propias motivaciones. Pablo pensaba que quería casarse con Peter por su título y por su dinero. Y ella tenía que recordar que ésa era precisamente la idea que pretendía alimentar. Nadie podía sospechar cuál era su verdadera misión, o estaría perdida.
Acarició la gasa dorada del vestido.
—Es cierto. Adoro las telas caras —le dirigió una provocadora sonrisa—. La señorita Soledad  y el marqués no están formalmente comprometidos, ¿no es cierto?
Pablo la miró con el ceño fruncido.
—Digamos que hay cierto entendimiento entre ellos —Pablo endureció su tono.
—Un entendimiento —repitió Mariana. Suspiró—. Pero también los malentendidos son algo frecuente, ¿verdad, ? Una joven atractiva cree haber despertado el interés de un noble, pero de repente… —se encogió de hombros—, aparece una mujer más atractiva y capaz de distraer la atención de este último.
—Una persona peligrosa y manipuladora —dijo Pablo. Había abandonado toda apariencia de cortesía. Una abierta antipatía teñía sus palabras—. Permitime que sea sincero.  Asumo que tu intención es apartar a Solead y casarte con Peter, ¿no es cierto?
—Eso no es asunto tuyo —replicó Mariana.
—Te equivocas—le advirtió Pablo—. Claro que es asunto mío. En tanto que soy tu  ex marido
Tenía la impresión de la palabra ex-marido, implicaba que el matrimonio había terminado. No creo que un ex-marido juegue papel alguno en las decisiones de su ex-esposa. Repito, esto no es asunto tuyo.
Pablo cambió de postura y se alejó de ella, lo que permitió que Mariana volviera a respirar. Presionó las manos en el regazo y deseó que Peter regresara para que Pablo se viera obligado a abandonar aquel interrogatorio. Cerró los ojos con fuerza. Pero sus ruegos no fueron escuchados porque cuando volvió a abrir los ojos, Peter continuaba sin aparecer y Pablo la observaba con expresión especulativa.
—Hay algo sospechoso en todo esto —comenzó a decir Pablo lentamente.

A Mariana le latía con fuerza el corazón.

1 comentario:

  1. Jajajajajaja,ex marido .Ya quiero leer lo k tiene para decir cuando se entere k aún sigue casado con MAriana

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