Hola como están?, les cuento que ando a mil estudiando ya que rindo en estos días pero me hice un tiempito para que puedan leer otro cap.
P/DCharie ya saque la verificación de palabra pero es raro que no se soluciono, voy a seguir intentando ;)
Besos!!
CAPITULO
3
Pablo acababa de sustituir la débil amenaza
que Gastón
Representaba
por algo mucho más peligroso: él mismo.
Estaba enfrentándose a ella delante de todos
los invitados de los duques de Alton. Era una actitud audaz.
—No
tengo nada que decir.
Mariana
mantenía la voz firme. Había dispuesto de siete largos años para aprender a
protegerse. Aunque nunca le había resultado tan difícil intentar levantar sus
defensas como en aquel momento, cuando tenía que protegerse de aquel hombre y
de su perspicaz y contundente mirada.
Pablo
se echó a reír.
—Te
considero capaz de cosas mejores, Mariana. ¿Qué demonios está pasando aquí?
—No
sé a qué te refieres —replicó ella.
El
pulso le latía a toda velocidad. Miró a su alrededor, pero no encontraba ningún
posible refugio. Comenzó a caminar lentamente a un lado de la pista de baile.
Pablo la agarró del brazo, adaptando su larga zancada a los pasos más cortos de
Mariana.
Cualquiera que los estuviera observando
pensaría que estaban haciendo lo que cualquier otra de las parejas de baile.
Caminando por la pista y charlando con la superficial indiferencia de dos
conocidos. Excepto que no había nada de superficial en la caricia de la mano de
Pablo.
—Por
lo menos me debes una explicación —le exigió Pablo—. Una disculpa, incluso —su
tono era sarcástico—, si no es mucho pedir.
Por
un instante, Mariana distinguió un sentimiento de furia en su mirada.
Una
pareja que pasaba a su lado los miró con curiosidad. Era obvio que habían
captado el tono de las palabras de Pablo y habían advertido la tensión que se
respiraba en el ambiente.
Mariana
abrió el abanico para ocultar su expresión.
—Eso
fue hace mucho tiempo —intentó imprimir a sus palabras frialdad y desdén, y
consiguió exactamente el tono deseado—. Sí, te dejé, pero estoy segura de que
has conseguido recuperarte de esa pérdida —se interrumpió y sonrió—. No me
digas que te rompí el corazón.
Le
estaba provocando intencionadamente y esperaba que Pablo contestara que no
había significado nada para él. Sin embargo, vio que el calor y el enfado de
sus ojos se intensificaban.
—Dos
años después regresé a buscarte.
A
Mariana estuvo a punto de caérsele el abanico. Dos años. No lo sabía. Sintió
una mezcla de amargura y arrepentimiento. Pero no habría supuesto ninguna
diferencia. Habría sido demasiado tarde. Había sido demasiado tarde desde el
momento en el que había escapado de su lado.
Lo comprendía en aquel momento,
con la perspectiva proporcionada por el tiempo.
Podía
reconocer los errores que había cometido y comprender el sinsentido de
arrepentirse de ellos siete años después.
—Solo
quería asegurarme de que habías anulado nuestro matrimonio —Pablo le dirigió
una mirada de frío desprecio—. Pero cuando pregunté a tus tíos, me dijeron que
habías muerto —añadió entre dientes—. Una exageración, al parecer, o más bien
una crueldad
La
sorpresa de Mariana fue tal que estuvo a punto de desmayarse. Durante un largo
y terrible momento, el salón comenzó a girar ante sus ojos. La música y las
voces se alejaron, todo parecía borrarse a su alrededor. Alargó la mano y
comprendió, con agradecido alivio, que habían llegado a una esquina oculta del
salón de baile.
Estaban
al lado de unas enormes puertas en forma de arco que se abrían a la terraza.
Sintió el frío cristal contra sus dedos y una ráfaga de aire frío que penetraba
en la sofocante habitación.
Elevó
los ojos hacia el rostro de Pablo. La expresión de éste era dura; había
convertido su boca en una línea tensa. Era visible la furia primaria que le
invadía.
—¿Te
dijeron que había muerto? —susurró.
Era
cierto que sus tíos la habían repudiado al enterarse de que estaba embarazada y
no quería renunciar a su hijo. La habían repudiado, desheredado y echado de
casa. Le habían dicho que para ellos estaba muerta. Y, evidentemente, eso era
lo que le habían dicho a todos los demás
El
frío crepitaba en su corazón. La insensible crueldad de su familia había estado
a punto de destrozarla.
En ese momento, sentía que su maldad volvía a
atacarla. Creía que no podían volver a hacerle daño, pero se equivocaba.
Pablo
continuaba hablando.
—¿Era
necesario llegar tan lejos? —Decía con amargo enfado—. Yo no estaba buscando
una reconciliación.
Se
interrumpió. Mariana sabía que estaba esperando una respuesta, pero por un
momento fue incapaz de articular palabra. Eran muchas las cosas que tenía que
asimilar, y a una velocidad vertiginosa. Tenía que digerir el hecho de que
Pablo hubiera ido a buscarla, de que su familia le hubiera mentido. Algo que le
dolía mucho más de lo que jamás habría imaginado.
—Yo…
Sentía
una fuerte presión en el pecho. Intentó respirar. Sabía que debía detener
aquello cuanto antes. No quería que Pablo fuera consciente de que no sabía las
mentiras que le había contado su familia.
Pablo
se estaba acercando demasiado a la verdad. Un descuido por su parte y estaría
perdida. Si sospechaba siquiera la verdad, tendría muchas preguntas que
hacerle. Preguntas sobre el pasado, sobre lo que le había sucedido y, lo más
peligroso, preguntas sobre su vida y sobre los motivos que la habían llevado a
Londres.
No podía contarle nada al respecto. Tenía que protegerse a sí misma y
proteger su secreto costara lo que costara. Si no, lo perdería todo.
De
pronto, se alegró inmensamente de no haberle contado que su matrimonio no había
sido anulado. Aquello podría resultarle muy útil en el caso de que necesitara
defenderse contra él.
Mariana
se enderezó y recuperó la calma. Tomó aire y buscó las palabras adecuadas para
conseguir que Pablo se alejara de ella. Pero Pablo por el contrario se le
adelantó.
Lo
hizo con una voz ronca y cargada de sentimiento; de un sentimiento que, a pesar
de los siete años pasados, le llegaron a lo más profundo del alma y le hicieron
sentir con una intensidad que no había experimentado desde hacía años aún más
el escuchar que pronunciara su nombre de aquella forma.
—Por
todos los diablos, Mar—estalló—, eras mi esposa, no una prostituta con la que
me hubiera dado un revolcón. ¿No crees que me debías algo más? ¡Escapaste de mi
lado y después le pediste a tu familia que me mintiera! ¿Por qué hiciste una
cosa así? Porque?, que te hice?
Había
tal pasión y honestidad en sus palabras que Mariana se odió a sí misma por lo
que estaba a punto de hacer, por lo que tenía que hacer para protegerse.
—Les
pedí que te mintieran porque quería asegurarme de que me desharía para siempre
de ti —respondió en tono ligero y despreocupado.
Las
palabras no parecían querer salir de sus labios, pero se obligó a
pronunciarlas. Sabía que aquello tenía que terminar cuanto antes y quería que
Pablo llegara a odiarla tanto que no volviera a hacerle preguntas nunca más. No
había otra manera de actuar.
—Me
casé contigo porque quería que me quitaras la carga de la virginidad —.Consiguiendo
esbozar una convincente sonrisa. Sabía que era buena actriz. Había adquirido
mucha práctica durante los amargos años que habían seguido al repudio de su
familia, cuando su capacidad de fingir se había convertido en lo único que se
interponía entre ella y la inanición.
—Tras
una noche de matrimonio, averigüé todo lo que necesitaba saber sobre
ti, Pablo—continuó—. Quería saber lo que era el sexo y tú me lo enseñaste.
Se
obligó a mirarle a los ojos.
El rostro de Pablo esta tenso, perplejo, no
podía creer lo que acaba de escuchar apretaba la mandíbula mientras la oía
destruir por completo el amor que habían compartido.
—Fue
delicioso, maravilloso —se encogió ligeramente de hombros, acompañando con
aquel gesto su tono indiferente—, pero después de haberte seducido, ya no
tenías para mí ninguna utilidad.
Aquello
debería bastar para hacerle despreciarla, se dijo. Ningún hombre aceptaría
tamaño golpe a su orgullo. Se volvió para escaparse.
Pero
Pablo detuvo su huida agarrándola por la muñeca y obligándola a acercarse a él.
El cuerpo entero de Mariana se tensó ante aquel contacto. Todas las fibras de
su ser despertaron en Pablo como si jamás se hubieran separado. El color fluyó
a sus mejillas, caldeando cada centímetro de su piel, haciéndola sentirse viva
y sensible como no había vuelto a serlo desde entonces.
Vio
que Pablo deslizaba la mirada lentamente sobre ella, en una insolente
apreciación de su estado de excitación. Posó la mirada en el escote del vestido
que Mariana había elegido para atrapar a Peter. Por primera vez durante aquella
velada, Mariana deseó que fuera más discreto. Sentía la mirada de Pablo sobre
las curvas de sus senos como la más sensual de las caricias.
—Un
momento —dijo Pablo.
Su
voz sonaba queda en medio del bullicio del salón, el tintineo de la música y el
clamor de voces. Queda, pero con un filo de acero.
—Esta
vez no te alejarás de mí hasta que yo lo decida. Esta vez permanecerás a mi
lado hasta que a mí me plazca —le advirtió con los ojos llenos de furia.

K oretende Pablo?.....jajaja k sea suya d nuevo? .
ResponderEliminarRocio debe estar x aparecer,con lo celosa k es.
El secreto d Mariana..ummmm cuando Pablo descubra k tiene un hij@,k le dira
Intrigada quiero mas.
Besos .K estes bien.
Ya esta solucionado,no me pidio nada.
ResponderEliminarAL DIA CON LA NOVE Y TE CONFIESO QUE ME TIENE MAS Q ENGANCHADISIMA...
ResponderEliminarESTA HISTORIA TIENE MUCHO Q CONTAR Y RECIEN EMPIEZAAAA!!!
Ya quiero mas nove!!! Besos y espero leerte pronto!!! :D