miércoles, 12 de febrero de 2014

Una Dudosa Reputación


Hola como están? Bienvenidas a Todas a mi nuevo blog!!!
Hace rato le había prometido que venía con una sorpresa y acá esta tarde pero seguro! jajaja
Es una Adaptación corta, muy diferente a mi otra nove jajaj,  pese a que es una adaptación, cambie algunas cosas, espero que les guste!!..
Como ya esta casi esta terminada solo me falta detalles, pero es casi al final  a medida que vayan leyendo voy a ir subiendo más seguido que en mi otra nove. 
Desde ya le aviso que es una adaptación diferente pero a mi me gusto, espero que a ustedes también..
Hoy les dejo la sinopsis y el primer capitulo que lo disfruten!

P/D= acá les dejo el link de una nueva adaptación de mi amiga caro para las que no leyeron obviamente todo es pablali! :)

http://100presimonella.blogspot.com.ar/
Besos! 

Jessy 
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Sinopsis:  
             
La peligrosamente seductora, y pecaminosamente bella, Mariana Esposito  era la persona más buscada en los círculos de la alta sociedad de Londres como Rompe relaciones. 
Pagada por padres adinerados que querían separar a sus hijos de mujeres a las que no consideraban convenientes, jamás había fallado en su misión de distraer al futuro prometido.
Hasta que su última misión la obligó a encontrarse cara a cara con el hombre que en el pasado le había impartido una íntima clase sobre corazones rotos.
Pablo Martínez tenía todo lo que siempre había querido: un título, una prometida rica y un lugar en la alta sociedad. Pero la mujer con la que acababa de cruzar la mirada en un abarrotado salón amenazaba con destruir todo lo que hasta entonces había conseguido. 
Y no porque Mariana hubiera reclamado su corazón en otro tiempo, o porque sus sinuosos movimientos le hubieran dejado sin respiración. Sino porque los secretos que guardaba podían costarle todo lo alcanzado.
Para dejar el pasado definitivamente atrás, Pablo tendría que enfrentarse a Mariana con sus mismas armas...

Capítulo 1

A los veinte siete años  Pablo Martínez tenía todo lo que un hombre podía desear. Un lugar entre la alta sociedad, una prometida rica, bella y un título.
 Aun así, la noche que su primera esposa regresó a su vida tras siete años de ausencia, estaba aburrido. Todo lo aburrido que podía llegar a estar un caballero en el temporada de bailes londinense.
Era otra noche más de exceso, despilfarro y entretenimiento vacíos. Los duques de Alton organizaban las mejores fiestas de la ciudad: opulentas, de buen gusto y exclusivas. Pero para Pablo, aquélla sería otra noche más empleada en conseguir limonada para Rocio cuando ésta estuviera sedienta, en localizar su abanico cuando lo perdiera y en adular a la mamá de Rocio, que no lo soportaba y, probablemente, ni siquiera supiera su nombre a pesar de que llevaban ya dos años juntos.
 En otra época de su vida, Martinez había tenido que enfrentarse a los elementos en la cubierta de un barco azotado por la lluvia, había tenido que trepar y aparejar las jarcias y había luchado por su vida. Cada día entrañaba nuevos peligros, nuevas emociones.
Habían pasado solamente dos años desde entonces, pero tenía la sensación de que había transcurrido más de un siglo. Últimamente, no tenía que enfrentarse a nada más peligroso que ir a recoger su abrigo, tenderle a Rocio el bolso o hacer alguno otra cosa sin importancia y sin peligro alguno.
—¿Estás celoso, Pablo? —le preguntó su hermana Soledad, posando la mano en su brazo.
Pablo se dio cuenta de que estaba  mirando detenidamente a Rocio que bailaba en la pista de baile, mientras ella giraba al ritmo del vals en los brazos de su primo Gastón Walters. Soledad no era la única que había notado su actitud.
 Reconoció miradas de reojo y mal disimulada diversión a su alrededor.
Todo el mundo pensaba que  él era muy celoso ya que era bastante serio cuando Rocio se hacía notar y otras veces simplemente  se la terminaba llevando antes que acabara el baile, seguro le molestaba  que Roció fuese una consumada coqueta, y que solía llamar la atención de otros hombres, seguro después de aquellas escenas tendría ella que darle buenas explicaciones y  compensarlo demostrándole que él era el único, así que por esta razón las personas pensaban que él lo soportaba
Pablo solo sonrió ante el comentario de su hermana, si de verdad hubiera sido celoso, se habría pasado el día batiéndose en duelo, pero para estar celoso había que estar enamorado y a él le daba exactamente igual que Rocio fuese a coquetear con otros hombres.  
—No estoy en absoluto celoso.
Soledad recorrió su rostro con sus enormes ojos verdes, buscando algún gesto que le indicara que estaba intentando engañarle.
—No es ningún secreto que los condes de Brooke prefieren a Gastón como marido para Rocio—le advirtió.
Pablo se encogió de hombros.
—Los condes preferirían hasta un perro con moquillo como marido de Rocio, pero la cuestión es que Rocio me quiere a mí.
—Y Rocio siempre consigue lo que quiera —había cierto deje afilado en la voz de Soledad.
Pablo miró a su hermana.  Soledad todavía no tenía lo que quería, aunque llevaba meses esperándolo. Peter Alton, hijo único y heredero de los duques, llevaba tiempo dedicando a Soledad una notable atención.
Tan notorio trato solo podía terminar de forma respetable con una propuesta de matrimonio, pero hasta entonces, Peter no se había declarado, y estaban comenzando a correr los rumores.
La alta sociedad, no había sido en absoluto amable con ellos. Desde el primer momento les habían considerado motivo de escándalo a él y a Soledad en particular.
Carecían de un origen noble y no tenían dinero. Pablo al menos había conseguido hacer una carrera en la Marina antes de recurrir a buscar una fortuna. Soledad solo contaba con su belleza y su vivaz personalidad para causar una buena impresión. Las mujeres siempre lo tenían más difícil
No te gusta Rocio—comentó Pablo viendo la mirada burlona de su hermana.
—No me gusta lo que ha hecho de ti —replicó—. Te has convertido en una de las mascotas de Rocio, y encima pareces todo el tiempo malhumorado.
Aquello le dolió.
—Un pequeño precio a pagar a cambio de lo que busco —respondió Pablo
Dinero, estatus. Llevaba siete años buscándolo.
Había nacido sin nada y no tenía intención de volver a sufrir la pobreza de su juventud.
Por fin lo tenía todo a su alcance y si para conseguirlo tenía que convertirse en el perrito faldero de Rocio al menos hasta un tiempo más, hasta que esté lista para casarse lo haría,  conocía peores destinos. O, por lo menos, eso se decía a sí mismo.
—Tú no eres mejor que yo —le recordó a su hermana, consciente de que estaba acercándose peligrosamente al ojo por ojo que había presidido su relación durante la infancia—. Tú también has atrapado a un marqués.
Soledad cerró el abanico con un gesto con el que expresaba un profundo orgullo.
—No seas vulgar, Pablo. Yo no me parezco nada a ti.
Es posible que también sea una cazafortunas, pero yo amo a Peter. Y, en cualquier caso, todavía no le he atrapado.
—Seguro que pronto te propondrá matrimonio —la consoló Pablo.
Había advertido cierta inseguridad en la voz de su hermana que evidenciaba la poca confianza que tenía en sí misma. 
Pablo quería tranquilizarla, aunque pensaba que  Peter Alton no era un hombre suficientemente bueno para Soledad.
—Peter también te quiere —le aseguró, esperando tener razón—. Solo está esperando el momento adecuado para dar la noticia a sus padres.
—Ese momento no llegará nunca —respondió Soledad secamente.
—Debes de querer mucho a Peter para estar dispuesta a soportar a la duquesa de Alton como suegra.
—Y tú debes de desear mucho el dinero de Rocio para estar dispuesto a soportar a la condesa de Brooke —replicó Soledad.
—Así es.
Soledad sacudió ligeramente la cabeza.
—No merece la pena, Pablo. Terminarás odiándola.
—Estoy convencido de que tienes razón. De hecho, ya me desagrada bastante.
—Me refería a Rocio —repuso Soledad, con los ojos fijos en las parejas que bailaban—, no a su madre.
 Aunque si Rocio va pareciéndose a su madre a medida que envejezca, también será difícil de soportar.
Pablo no podía negar que era una perspectiva en absoluto halagante
—Si Peter termina pareciéndose a su madre, podrás exprimirle como a un limón. -Replico
La duquesa de Alton era una mujer muy agria, siempre con la boca apretada en un gesto que advertía de su mal carácter.
Soledad se echó a reír.
—Peter no se parecerá a sus padres.
Pero la risa no tardó en desaparecer de su rostro y comenzó a juguetear nerviosa con el encaje de su abanico.
Últimamente, pensó Pablo, Soledad había perdido parte de su chispa. En aquel momento la vio buscando a Peter con la mirada en el abarrotado salón.
Sus sentimientos eran más que evidentes. 
Pablo sintió entonces la necesidad de protegerla. Soledad lo había apostado todo a la posibilidad de un compromiso y Peter, un hombre simpático, pero arrogante y consentido en igual medida, era consciente de su estima y estaba jugando con su reputación.
 Soledad se merecía algo mejor. 
Pablo apretó los puños a ambos lados de su cuerpo. Un paso fuera de lugar y le haría tragarse a Peter la cucharilla de plata que le habían metido en la boca nada más nacer.
—Pareces furioso —dijo Soledad, apretándole el brazo.
—Lo siento —Pablo volvió a suavizar su expresión. Le sonrió—. No nos ha ido mal, para ser dos huérfanos del condado de Galway
Soledad no contestó y Pablo advirtió que estaba de nuevo pendiente del vals, que giraba en aquel momento hacia su triunfante clímax.
Peter un hombre moreno, alto y distinguido, estaba al final del salón, casi perdido entre los danzantes. Formaba pareja con una mujer vestida en un traje de gasa plateado, una mujer  que no pasaba del metro cincuenta y cinco de alto, de cabello oscuro, con una figura perfecta, nada opulentosa, casi menuda pero sus encanto muy bien distribuido Hacían una pareja magnífica.
Peter siempre había tenido debilidad por los rostros hermosos. Al igual que su prima Rocio, pretendía casarse con alguien a quien pudiera exhibir como trofeo.
Pero aquella mujer no se parecía a las damas con las que habitualmente coqueteaba Peter, Había algo en su forma de moverse, en la cadencia de sus pasos, su cuerpo sensual que Pablo reconoció de inmediato a pesar de no haberle visto el rostro.
—¿Quién es esa mujer? —preguntó con la voz ligeramente ronca.
Algo extraño, una premonición, cosquilleaba por su espalda. Él era el menos supersticioso de los hombres, pero sintió un aire frío acariciando su piel a pesar de que en el salón de baile de los duques de Alton el calor era sofocante.
Comprendió que Soledad también había sentido algo.
Estaba tan tensa como las cuerdas de un violín y había palidecido. Un estremecimiento recorrió su cuerpo.
—Una mujer rica —contestó con amargura—. Una mujer muy bella y conveniente para Peter que, seguramente, le han presentado sus padres esta noche para que me olvide.
—Tonterías —la tranquilizó—. Será otra mujer con cara de caballo nacida de esas relaciones endogámicas que…
—Pablo —le reprochó Soledad, en el momento que una noble viuda pasaba por delante de ellos con gesto de manifiesta desaprobación.
La música terminó con un sonoro acorde y hubo aplausos en el salón. Peter caminó hacia ellos junto a su pareja.
Era obvio que pretendía presentarle a Soledad.
Pablo no estaba seguro de si aquello debería tranquilizarle o preocuparle.
—¡Pablol! —también Rocio acudió a su encuentro, efusiva, jadeante y sonrojada, arrastrando a Gastón Walters tras ella—. ¡Ven a bailar conmigo!
Por primera vez desde que podía recordar, Pablo no obedeció inmediatamente a las insistentes demandas de Rocío
 En cambio, observaba con atención a la mujer que acompañaba a Peter.
 La recién llegada no estaba en los albores de la adolescencia, se aproximaba quizá más a su edad que a la de Soledad, o a la de Rocio.
 La edad, o la experiencia, o ambas cosas quizá, le infundían una confianza de la que no parecía consciente.
Caminaba con la misma elegancia con la que Pablo la había visto bailar, con una desenvoltura que acentuaba el sinuoso vuelo del vestido de gasa.
La tela acariciaba sus senos y sus caderas envolviéndolos como el beso de un amante. Miro a su alrededor y vio que no había un solo hombre en el salón, que no estuviera mirándola fijamente, con la boca seca de deseo y la mente poblada de imágenes que intentaban reproducir aquellas curvas desnudas, algunos hasta fueron incapaz de refrenar el deseo que se veía que llevaban la mano hacia su entrepierna disimuladamente tarando de calmarse, otros bebían cómo si quisieran apagar el deseo o reparar la sequedad de sus boca.
Era una mujer blanca, con una piel que parecía de seda casi dorada. El contraste entre sus ojos grandes, de color marrón intensos y el pelo castaño oscuro, era impactante, excitante, incluso, su cuerpo tenían las proporciones perfectas.
 Le daban un aspecto frágil y mágico, como el de un hada, demasiado exótico para ser humano.
Llevaba  el cabello recogido, en lo alto de la cabeza el peinado era sujeto por una peineta de resplandecientes diamantes. Unas joyas a juego adornaban su esbelto cuello y sus muñecas. No era una pariente pobre, por tanto. Tenía un aspecto magnífico.
Sin embargo su forma de vestir no era precisamente a una dama, o mejor dicho a una dama normal, era sumamente sexy, para nada pudorosa, si no fuera porque su escote llegaba a la medida justa que impedía ver sus magníficos atributos, se podía hasta dudar que fuese una Decente Dama, pero no como pensar aquello, tenía clase, tenía sensualidad natural, que en su forma de vestir te dejaba con la boca abierta, dejándote a la imaginación sus atributos llevándote a querer verla desnuda, sin duda esa Dama no parecía Humana era sin duda Un Hada
Pero una extraña Razón le resultaba curiosamente familiar aquellas curvas perfectas.
A Pablo se le paralizó el corazón para, casi inmediatamente, comenzar a latirle a toda velocidad. Por un instante, se sintió como si todo se hubiera detenido: la música, las conversaciones, la respiración. Durante largo rato, fue incapaz de hablar o pensar.
Habían pasado siete años desde la última vez que había visto a Mariana. Su último recuerdo de ella no era fácil de olvidar:
Mariana gloriosamente desnuda y profundamente dormida en la cama que habían compartido tras su apasionada noche de bodas. Cuando aquella noche había apagado las velas, Pablo no sabía que no volvería a verla nunca más.
A la mañana siguiente, Mariana había desaparecido, y, con ella, su matrimonio.
Ese mismo día, le había hecho llegar una nota. En ella le decía que todo había sido un terrible error, y le suplicaba que no fuera tras ella. Había dicho que buscaría ella misma la anulación del matrimonio. Joven y orgulloso como era, enfadado, traicionado y herido, Pablo la había dejado marchar.
Dos años después, tras regresar de su primera misión en la Marina Real, había reconsiderado el abandono de su traidora esposa y había viajado hasta Escocia con intención de encontrarla.
Se había dicho a sí mismo que era solo por curiosidad, para asegurarse de que había sido efectiva la anulación de su matrimonio. Tenía planes para el futuro, proyectos ambiciosos, y en ellos no estaba incluida una joven a la que había seducido y con la que se había casado en un impulso, y que se arrepentía de cometer tal estupidez,. Rompió a sudar al recordarse llamando a la puerta de la rectoría para enfrentarse a los tíos de Mariana. Estos le habían dicho que Mariana había muerto.
Todavía podía recordar la fuerte impresión que había derrotado a su determinación.
En ese momento ya no lo pudo negar amaba aún a Mariana mucho más de lo que pensaba, necesitaba saber porque se había ido, porque lo abandono en su noche boda, quería una explicación pero sobre todo una posible reconciliación aún seguía enamorado de ella, la extrañaba y todo se había perdido Mariana había muerto.
Pero en aquel momento, Mariana le parecía muy viva.
El enfado y la perplejidad batallaban en su interior, no podía creer lo que veía.
Se enfrentó a su indiferente e ignorante mirada y una segunda oleada de furia rugió en su interior. Mariana estaba fingiendo no conocerlo.
—¡Pablo!
Rocio no paraba de llamarlo insistentemente y le tiraba de la mano, reclamando su atención.
Rocio, su prometida, una mujer rica, bien relacionada que iba a proporcionarle todo lo que siempre había querido.
Pablo nunca le había hablado de su precipitado y fracasado primer matrimonio, o más bien de la estupidez que había hecho.
 Eran muchas las cosas que no le había contado a Rocio.
Se decía a sí mismo que era porque había puesto fin a sus indiscreciones del pasado, pero lo cierto era que su prometida era una mujer muy celosa y posesiva y no podía predecir su reacción ante una revelación como aquélla.
Pablo no quería ponerla a prueba y arriesgar el castillo de naipes que había levantado para sí mismo y para Soledad.
Un gélido cosquilleo de tensión descendió por su espalda.
Su furia creció con tan solo ver que mariana estaba viva y que le había mentido de tal forma, después de abandonarlo después de su noche de bodas, ya no sentía más nada por mariana pero el daño que ella le podría  llegar a hacerle era incalculable.
Si revelaba el más mínimo detalle de su pasado, Rocio pondría fin a su compromiso y Pablo perdería todo aquello por lo que tanto había trabajado.
Observó que Mariana se acercaba y posaba la mano en el brazo de Peter con un gesto de evidente confianza. Inclinaron la cabeza el uno hacia el otro. Ella le sonreía a su acompañante como si fuera el hombre más fascinante del universo.
Pablo vio como Peter parecía completamente deslumbrado. Se sonrojaba como un joven enamorado por primera vez.
Mariana alzó la mirada y la cruzó con la de Pablo durante un largo momento.
Pablo no fue capaz de interpretar su expresión. Continuaba sin haber en ella ninguna señal de reconocimiento y no había el menor rastro de nerviosismo en su comportamiento, no lo podía creer, pestañeo varias veces para asegurarse de que aquello era real.

Pablo sintió frío, mucho frío. Se enderezó, cuadró los hombros y se preparó para ser presentado a su esposa, que creía fallecida.

4 comentarios:

  1. Holaaa percha quiero ser la primera en comentar porque dejame decirte me encanto este comienzo por lo que veo Mairiana es una mujer decidida y Pablo tiene lo suyo quiero ver que pasa en ese primer encuentro, me gusta que sea Peter el tercero en discordia bueno mas bien cuarto porque tambien esta Rocio jajaja me encanta esta nueva adaptacion percha quiero mas capis obviooo y me intriga mucho saber porque Mariana lo abaandono en la noche de bodas , sus motivos habra tenido, bueno me voyyendo , besos y espero muchos mas caps jjajja

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  2. Jajajja,sigo sin poder comentar mucho .
    Así k lo mismo k dijo Caro.
    Quiero saber dl xk d ese abandono.
    Me estáis haciendo super feliz con las novelas d época.
    Jess !!!!!,quita la verificación d Palabras

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. hola saber me gusta la novena pablali saber donde puede leer mas nove

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