Hola! como están? tarde pero seguro jaja les cuento que ayer rendi una materia asi que andaba estudiando a full, pero al parecer me fue bien vamos a ver :D esperemos que si , jajaj les dejo con el cap!!! besos!!! ;)
CAP
10
Sabía
que pronto no sería capaz de pensar en nada que no fuera en hacer el amor con
ella en ese mismo carruaje de alquiler que para nada era sofisticado o elegante
y a plena luz del día.
Se
obligó a recordarse que no podía ceder a su propio intento de seducción. Se
suponía que estaba intentando demostrarle algo a Mariana no perdiéndose en
ella. Aun así, parecía incapaz de resistirse. No quería desearla, pero, al
mismo tiempo, era incapaz de evitarlo.
Apartó
su sedosos pelo lacio que ocultaban su
cuello para posar en él sus labios. Sintió su piel fría bajo su caricia y se
sintió como un hombre hambriento al que acabaran de ofrecerle maná en medio del
desierto.
Su
capacidad de control estaba seriamente amenazada. Le bajó ligeramente el
vestido y le mordisqueó suavemente la curva del hombro. Su piel olía
delicadamente a miel. Él no había sido nunca aficionado a la miel, pero en
aquel momento, ansiaba saborearla. Quería besar, lamer y acariciar el cuerpo entero de Mariana.
Era tal el hambre que sentía que estaba casi
al borde del desmayo.
El
corpiño del vestido crujió suavemente al deslizarse unos centímetros más.
Pablo
sintió el encaje contra sus labios y la cálida suavidad del seno de ella bajó
él, incitándole a retirar la tela para poder saborearlo con los labios. Gimió
sin poder evitarlo.
Mariana
posó entonces la mano sobre su pecho y le apartó.
Pablo
estaba tan sorprendido que le permitió alejarse de él.
—¿Ya
has terminado de demostrar lo que querías? —parecía ligeramente aburrida.
Pablo
tardó unos segundos en abrirse paso entre el clamor de su cuerpo y concentrarse
en lo que le decían. Cuando lo consiguió, vio que ella estaba ajustándose el
provocativo escote del vestido y acomodándose el pelo, que se habían desordenado ligeramente.
Su rostro era una máscara perfecta, pálido,
compuesto. La máscara indiferente de una dama.
La
incredulidad y la sorpresa devoraban el interior de él que continuaba
experimentando un deseo intenso y, lo que resultaba más desconcertante, una
traicionera sensación de afinidad con aquella mujer, cuando para Mariana, todo
aquello no parecía haber sido más que un desafío.
—¿Estabas
fingiendo? —le preguntó.
Mariana
le miró con el rostro carente de toda expresión. Lo único que podía decirse de
ella era que parecía ligeramente desconcertada.
—Por
supuesto que estaba fingiendo, ¿tú no?
—Yo…
—sentía un extraño vacío en el corazón—. Esa respuesta tan inocente —continuó
diciendo—, ¿era fingida?
Mariana
esbozó una sonrisa que le hizo sentirse completamente un imbécil.
—A
los hombres parece gustarles parecer una inexperta—susurró.
—¿Y
tú siempre les das lo que quieren? —replicó Pablo mientras Sentía la amargura
subiendo como la bilis por su garganta.
—Si
de esa forma puedo conseguir lo que quiero.
Pablo
la agarró por los hombros y buscó en sus ojos cualquier cosa que pudiera
indicarle que estaba mintiendo, el más leve indicio de que la tormenta que se
había desatado en su interior también la había conmovido a ella.
Pero
Mariana le sostuvo desafiante la mirada.
—No
te creo —le dijo Pablo—. Tú también me deseabas.
Mariana
se encogió de hombros y se apartó de él.
—Me
importa muy poco lo que pienses. Estabas intentando demostrar algo y has
fracasado.
Pablo la
soltó y se hundió en el asiento. El deseo le había abandonado y se sentía frío
y vacío. Las palabras de Mariana no eran más que un saludable recuerdo de hasta
qué punto se había convertido en una mujer cínica.
—Creo
que prefiero ir andando a continuar soportando esta… conversación —dijo Mariana.
Golpeó
el techo del carruaje y el conductor se detuvo en seco.
—Como
quieras —respondió Pablo, sonriendo burlón—. ¿Tan pronto huyes de mí, Mar? Pero
si apenas he empezado a seducirte…
—
No me llames así — le contesto
mariana mientras le sostenía la mirada.
En la penumbra del carruaje, los ojos de Mariana aparecían oscuros e
insondables.
—Por
lo menos ya sé cuál es tu debilidad —contesto él —. Finges ser indiferente a
mí, pero no es cierto.
—Me
temo que tu punto débil sigue siendo la vanidad —respondió fríamente Mariana—.
Que tengas un buen día.
Abrió
y bajó a la calle. La puerta del carruaje se cerró bruscamente tras ella. Pablo
soltó una carcajada.
Mientras
el carruaje avanzaba, pudo verla por última vez. Permanecía en la acera, con
aspecto frágil, como una princesa de cuento de hadas bajo la lluvia, necesitada
de protección. Pronto avanzaron dos caballeros hacia ella, desplegando sus
respectivos paraguas.
Pablo sacudió la cabeza con una sonrisa irónica en los
labios. Pero aun así, continuaba siendo sensible a las artimañas de ella.
Todavía llevaba su fragancia impregnada en la piel y sentía el calor de sus
labios. Aquella conciencia de los sentidos avivó su deseo y le hizo sentirse
vacío, frustrado por el deseo insatisfecho, aun sabiendo que todo había sido
una farsa. Le habría gustado creer que Mariana era una mujer honesta, inocente,
que la pasión que parecían haber
compartido era real, y cuando se había dado cuenta de que en el caso de Mariana
todo había sido una actuación, había vuelto a sentirse como un ridículo
ingenuo. Había intentado demostrar la debilidad de Mariana y, en cambio, había
destapado la suya
Mariana
caminaba a toda velocidad dirigiéndose a
su casa Era un día gris, con el cielo cubierto de nubes. Una lluvia ligera,
pero penetrante, empapaba las calles y salpicaba los hombros de su pelliza. Era
consciente de que, para cuando llegara a su casa, iba a tener el aspecto de una
rata empapada y de que la pluma del sombrero estaba destrozada. No había
querido aceptar los ofrecimientos de protección de ninguno de los caballeros
que habían acudido en su ayuda. Sabía, por propia experiencia, que siempre
esperaban algo a cambio. De hecho, prácticamente habían estado a punto de
llegar a las manos, disputándose quién debería ayudarla. Sabía que no debería
haber abandonado el carruaje tan precipitadamente en medio de la lluvia, pero
lo único que en aquel momento le importaba era escapar a la provocación de
Pablo Martinez.
Le
parecía imposible, absurdo e irritante continuar siendo, después de tanto tiempo,
vulnerable al contacto de Pablo. Debería ser supremamente indiferente a él
después de tantos años, pero no era así. Era peligrosamente sensible a su
cercanía. La habían tocado otros hombres, incluso había permitido que alguno la
besara aunque ella no había podido responder al
beso, dejándolos locos de deseo al notar su inexperiencia pero ella jamás podría responder a un beso, ilógicamente
su cuerpo y sus sintiendo le eran fiel aún a un solo hombre a Pablo Martinez, justificándose
a si misma otra vez y tratando de convencerse que solo sería hasta que se divorcie
de él, pero siempre había aguantado lo más posible y le había permitido a ciertos caballeros a que
se tomaran ciertas confianzas cuando era absolutamente imprescindible para su
trabajo, pero la experiencia siempre la había dejado indiferente.
Sin embargo, Pablo solo necesitaba mirarla
para que se le hiciera un nudo en el estómago, comenzara a temblar y se
entregara a él con el mismo abandono que una debutante ingenua. Era degradante,
sobre todo, cuando lo único que él pretendía era demostrar que continuaba
teniendo algún efecto sobre ella. Se llevó la mano a los labios y una oleada de
calor envolvió todo su cuerpo. Oh, por supuesto que continuaba siendo
susceptible a sus encantos. Había deseado prolongar eternamente aquel beso,
rendirse a aquel delicioso placer, sentir las manos de él sobre su cuerpo y
redescubrir el júbilo que había encontrado en sus brazos tantos años atrás.
Y se despreciaba por aquel deseo. Había
luchado con denuedo para matar su amor por él en el pasado. No iba a
desfallecer en aquel momento.
Pablo
Martinez. Aquel hombre era su cruz. Y aparecía cada vez que daba media vuelta.
Estaba dispuesto a hacer todo lo que estuviera en su mano para frustrar sus
planes de atrapar a Peter.
Mariana se preguntó hasta dónde estaría
dispuesto a llegar para evitar que arruinara las oportunidades de Soledad y se
estremeció bajo la pelliza empapada. La lana se pegaba contra su cuerpo y
estaba helada.

HOlaaaaaaaaa percha hay no puedo creer todavia que no rock este par jajaaja en el capi anterior dije: se viene el rock se vieneeee y nada debi imaginarmelo estaban en el carruaje aparte no daba rock ahi con el conductor escuchando todo jaja,creo que si no es por pablo va ser por culpa que lali desiste a lo de peter, porque no creo que le termine haciendo eso a sole, quiero mas capiii cual sera su proximo encuentroo :) besos
ResponderEliminarK capacidad d Lali d mantenerse fría ,aún deseándolo
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