Hola como están? les cuentos que más tarde ya subo otro cap en la otra nove ;) como por ahi se me complica subir o me cuelgo si quieren dejenme algún contacto o algo donde yo les pueda avisar cada vez que subo y asi también me lo recuerdan para cuando me cuelgo jajaj..
bueno les dejo con el cap espero les guste :) buen fin de semana!
besos!!
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Capítulo
13
Pablo
observó a Mariana instalándose elegantemente en la silla. Aquella noche llevaba
un vestido de color crema y oro. El escote era discreto. Seguramente, no quería
ofender a los duques vistiéndose como la prostituta descarada que era, pero aun
así, el diseño era suficientemente tramposo como para que, a pesar de su
supuesta modestia, realzara su sinuosa figura. La delicada gasa resplandecía
bajo la luz. Llevaba el pelo trenzado y coronado por una fina diadema de oro.
Tenía
un aspecto elegante, adinerado y tentador. Desde luego, Peter parecía tentado e
incluso Gastón Walters que había saltado con precipitación para ayudar a
Mariana a despojarse de su chal.
—le
ofrecería mi ayuda, Señora Carew —se disculpó Pablo cuando Peter se apartó para
ir a hablar con su tía—, pero puesto que Peter es su acompañante y Gastón ya la ha desnudado, si es que ya no lo ha
hecho antes queda poco trabajo para mí.
Mariana
le fulminó con la mirada al oírle insinuar una relación íntima con Gastón.
—No
quiero obligarle a realizar ningún esfuerzo, señor Martinez—respondió con falsa
dulzura—. He oído decir que últimamente su especialidad consiste en no hacer nada
—alzó la mirada y la posó durante unas décimas de segundo en Rocio—. Al
parecer, sos un explorador que ha reducido su trabajo en viajes
Pablo
sonrió.
—Una
vez más, demostras que has estado siguiendo mis pasos. Debo fascinarle.
Advirtió
un brillo de irritación en su mirada.
—Oh,
en absoluto. Pero hasta Edimburgo ha llegado la noticia de que el famoso
aventurero Pablo Martinez ha sido comprado por una heredera ahora está encerrado
en casa, donde está a entera disposición de su prometida, cosa que también debe
ser placentero
Pablo
dejó escapar el aire entre los dientes. Sentía la tensión en los hombros,
presionando la tela de la casaca. Esperaba no terminar reventando las costuras.
Mariana
había conseguido sacarle de quicio a los cinco minutos de su encuentro. Tenía
un talento especial para ello. Pablo sabía
que no debería caer en sus provocaciones, pero al parecer, no era capaz de
evitarlo.
—Mientras
que vos, Caroline, has recorrido un largo camino. O quizá sea más preciso decir
que has realizado un empinado ascenso.
De sobrina de un maestro a viuda de un barón
hasta llegar a las vertiginosas alturas del marquesado —la recorrió de pies a
cabeza con la mirada—. Podríamos decir que esta noche su vestido está a la altura de vuestras ambiciones.
—Debe
estar de muy mal humor esta noche, para reprocharme que me haya convertido en
una cazafortunas cuando vos sos un profesional. ¿Ha sido la cena con su
heredera la que os ha puesto de tan mal humor?
—Apuesto
a que no ha sido tan emocionante como su cita con Peter —replicó Pablo sombrío.
—Hemos
ido al restaurante Rules —replicó Mariana. Esbozó una seductora sonrisa—. Hemos
comido ostras que, como bien sabes, son el alimento del amor.
Pablo
sonrío
—Siempre
me han parecido repugnantes y viscosas.
Peter
reclamó entonces la atención de Mariana al ver que se encontraba muy
concentrada en Pablo. Se sentó a su lado y le señaló a Pablo con frialdad que Roció
estaba esperando a sentarse. Pablo adivinó la sombra de una sonrisa en los
labios de Mariana cuando ésta vio la expresión de enfado de Rocio y su tensa
figura.
Estaban
a punto de levantar el telón.
—¿Esa
mujer fue otra de tus amantes? —le susurró Rocío a Pablo completamente celosa,
ignorando el hecho de que la función había empezado.
Al
igual que muchos de sus contemporáneos, Rocio no iba al teatro a disfrutar de
la obra, sino a ver y ser vista. De hecho, era perfectamente capaz de pasarse
hablando toda una representación. Pero aun así, en aquella ocasión, su susurro
hizo que varias cabezas se volvieran hacia ella.
—No
—respondió Pablo cortante—. Ni es mi amante ni lo ha sido nunca.
No
estaba mintiendo, pero aun así, conocía íntimamente todos los rincones de aquel
cuerpo exquisito.
Tragó
saliva. Nunca había tenido una memoria particularmente buena. Por lo menos para
las Matemáticas, la Geografía, la navegación o cualquier otro tema que pudiera
serle de utilidad. Por lo tanto, resultaba irónico que en las circunstancias
menos adecuadas imaginables, recordara todos los centímetros de la sedosa piel
de Mariana deslizándose bajo su mano, el pequeño lunar cerca de su ombligo, la
forma que se arqueaba bajo sus caricias e incluso el fuego que se encendía en
sus ojos en medio de aquel sensual placer.
Cambió
incómodo de postura. El asiento estaba duro como una piedra. Igual que él.
Rezó
al cielo para que Rocio no mirara hacia un lado y descubriera su inapropiada
erección. Era capaz de gritar de indignación y montarle una escena y tal vez
hasta con justa razón. pero no podía evitarlo.
Los sentidos de Pablo solo eran conscientes de
la presencia de Mariana.
Estaba
sentada delante de él, ligeramente vuelta hacia la derecha, Parecía concentrada
en la representación. La luz iluminaba el vestido dorado y la delicada curva de
sus hombros. Su perfume le envolvía. Verbena y miel, un olor dulce con algunas
notas acidas, como la propia Mariana. Podía ver como su cabello escapaba legamente de la
diadema y acariciaban su nuca. Quería alargar la mano, tocarlos, deslizar el
dedo por su espalda. Quería sentir la seda del vestido bajo su mano, el calor
del cuerpo de Mariana bajo el suyo…
Rocio
le clavó el abanico en las costillas, dejándole sin respiración y jadeando de
dolor.
Le
estaba fulminando con la mirada por estar más pendiente de Mariana que de ella
y de la obra, y no podía culparla por ello, aunque discrepara de sus métodos.
Intentó
tranquilizarla con sonrisas, y pequeños susurros, para luego concentrarse en la
representación, pero fue inútil al parecer, solo era capaz de recordar la
exquisita bendición de hacer el amor con Mariana. Podía recordar la esencia
dulce y salada de su piel mientras se acurrucaba contra él agotada y saciada.
Podía
sentir el cosquilleo de su pelo contra su pecho desnudo y el roce de sus
piernas enredadas con las suyas bajo las sábanas. Podía saborear sus besos.
Recordaba haber permanecido despierto durante horas, escuchando el sonido de su
respiración, dibujando su mejilla perfecta, su cuello, descendiendo por la
curva de sus hombros mientras sus labios seguían el rastro de sus manos,
embriagándose en su sabor, nuevamente su erección apareció.
Rápido
trato de acomodarse el pantalón discretamente tratando de evitar que se viera
su visible e incómoda erección.
Se
recordaba descendiendo hasta sus senos para despertarla con una urgencia que la
había hecho reír entre sus brazos mientras volvían a hacer el amor. Había sido
una unión extremadamente frágil, pero en aquel entonces le había parecido un
encuentro dulce y honesto sobre el que cimentar una vida en común.
Recordaba
los labios de Mariana entreabriéndose bajo los suyos y el pequeño gemido de
aquiescencia y rendición que había escapado de ellos la primera vez que la había
besado. En aquel momento se había sentido invencible y dispuesto a comerse el
mundo entero.
El
arrepentimiento y la tristeza lo golpearon con impactante intensidad. Había
construido sus sueños sobre una mentira. Todos aquellos sentimientos, todas sus
esperanzas en el futuro, no tenían más fundamento que su imaginación y el
engaño de Mariana. Le había utilizado. Desde el principio hasta el final, le
había visto únicamente como un medio, como un primer paso en el camino que la
llevaría a convertirse en duquesa.
Pablo
volvió ligeramente la cabeza. Vio que Peter se había apoderado de la mano
enguantada de Mariana y estaba apartando la tela del guante para besarle la
muñeca, como había hecho él en el
carruaje. Experimentó un rabioso sentimiento de posesión que le sorprendió
tanto como le disgustó.
No
le convenía continuar deseando a su ex esposa. Tenía que frenar aquellos
sentimientos. Su relación había terminado mucho tiempo atrás.
Observó
a Mariana retirar la mano, aunque con suficiente lentitud como para que aquel
gesto no pudiera interpretarse como un rechazo. Estaba riendo y miraba a Peter con
el ceño ligeramente fruncido por haberla distraído de la obra.
Un
movimiento inteligente, pensó Pablo, combinar la sofisticación con un infantil
entusiasmo por la representación. En medio de todos aquellos espectadores que
asistían al teatro únicamente por moda, el supuesto interés de Mariana se
revelaba como fresco y encantador. Pero, al menos así se lo parecía a Pablo,
era tan falso como su estima por Peter.
El
telón bajó anunciando el final del primer acto y el volumen de las
conversaciones en el teatro alcanzó proporciones ensordecedoras.
Peter y Mariana estaban tan absortos el uno en el
otro que no parecieron advertir que la primera parte de la obra había terminado.
Pablo observó a Peter mientras éste se inclinaba para susurrarle algo al oído,
quedando tan cerca de ella que parecía a punto de besar la delgada columna de
su cuello. Se detuvo allí, permitiendo que su aliento acariciara los tiernos
cabellos que caían sobre su oreja Pablo sintió crecer el enfado dentro de él.
Observó a Mariana, que curvaba los labios con la más tentadora sonrisa.
Había
vuelto ligeramente la cabeza, de modo que Peter pudiera ver aquella sonrisa
coqueta, y le apartó después, juguetona, con un delicado golpe de abanico.
Peter
le quitó el abanico, lo sostuvo fuera de
su alcance y ella, riendo, intentó recuperarlo. En aquel momento, Pablo deseó
darle a Peter un buen puñetazo. Apretó las manos a ambos lados de su cuerpo.
Si
hubiera tenido algo en su mano no lo pensaría dos veces se lo hubiese tirado en
la cabeza de Peter.
Aquellos
coqueteos tan explícitos eran habituales en aquellos círculos, pero estaban
sacándole Totalmente de quicio.
Por
supuesto, se dijo a sí mismo, su frustración solo tenía que ver con Soledad.
Era consciente de que sus posibilidades de convertirse en marquesa de Alton
estaban disminuyendo, y todo porque Mariana era una maquinadora sin principios
y Peter un joven consentido y arrogante, acostumbrado a conseguir todo lo que
quería.
Mariana
le descubrió mirándola. Volvió a sonreír. En aquella ocasión, asomó un brillo
burlón desde las profundidades de sus ojos castaños.
Pablo
desvió la mirada. Deseaba estrangularla con tal violencia que resultaba
inquietante. De hecho, se alegró sinceramente cuando Rocio posó la mano en su
brazo y le pidió recatadamente que la acompañara a hablar con una Persona, que
estaba en el siguiente palco.
Fueron
juntos del brazo, sumándose a la multitud de espectadores que iban visitando
los diferentes palcos para saludar a amigos y conocidos.
En
otros momentos, recordó Pablo, aquélla era la parte de la velada que más
disfrutaba.
Rocio
le había presentado a numerosos contactos que le habían resultado muy útiles.
Había podido acceder a un ámbito de la sociedad que en otro tiempo estaba
completamente fuera de su alcance y aquella posibilidad le atraía y deslumbraba
más allá de toda lógica.
Cuando
había conocido a Rocio, Pablo estaba en la cumbre de su celebridad. Era un
héroe, un buscador de tesoros que acababa de regresar de México, el niño mimado
de la alta sociedad. Había disfrutado de la notoriedad de su nombre y había
utilizado sin ningún pudor su fama y los contactos de Rocio para ascender
socialmente. Mariana tenía razón cuando le acusaba de ser un cazafortunas. Pero
no solo buscaba el dinero, sino también las ventajas y el ascenso social que su
situación podía reportarle.
Sin
embargo, aquella noche, todo aquel proceso le parecía sin sentido y mortalmente
aburrido. Quizá porque estaba muy cerca de conseguir todo lo que deseaba y ya
no encontraba ningún elemento de desafío. Pablo pensó en su futuro como marido
de Rocio, en aquel elegante y monótono modo de vida, temporada tras temporada,
año tras año, sin ningún objetivo real, y descubrió que estaba casi a punto de
bostezar. Advirtió que, una noble viuda, estaba frente a él y convirtió su
bostezo en una sonrisa.
—Buenas
noches, señora.
Tomó
su mano, se inclinó con suprema elegancia y besó la mano enguantada con un
anticuado gesto de galantería.
A
las damas de más edad siempre les gustaban aquellas demostraciones de cortesía
y a menudo se quejaban de la falta de modales de las generaciones más jóvenes. La Señora se sonrojó y farfulló:
—Rocio,
querida, deberías casarte con este joven antes de que me fugue yo con él.
Pablo
sonrió mecánicamente y dijo todo lo que se suponía debía decir en aquellas
circunstancias.
Pero
a Roció no le gusto aquel comentario, pese a que tenía mucho más edad que él,
ella se puso celosa y fue arrastrándole
de grupo en grupo.
Pablo
sentía su mano sobre su brazo como una esposa de hierro a medida que avanzaban.
Aquélla, se recordó a sí mismo, era una de las razones por las que le había
propuesto matrimonio. Era bella, rica, tenía muy buenas relaciones y estaba
encantada con él …Y ya nada de eso ahora parecía importarle en absoluto.
Pablo
se quedó petrificado allí donde estaban. Aquello, se recordó, era todo lo que
siempre había querido: dinero, éxito y estatus. Y todavía continuaba deseando
el dinero, la fama y todo lo que con ello podía conseguir, pero cuando Rocio
volvió a tirarle del brazo, tuvo la sensación de que el precio a pagar era
exageradamente alto.
—¡Pablo!
¡Pablo! —le susurró Rocio al oído captando su atención.
Al
principio, Pablo pensó que estaba urgiéndole a responder a alguna obligación
social, pero después, comprendió horrorizado que Rocio estaba aprovechando el
breve momento de intimidad que le daba el estar detrás de una columna para
estrecharse contra él, dándole un beso y
susurrarle al oído:
—Ven
conmigo esta noche.
Pablo
sintió la humedad de su lengua en la boca en lo que asumió era un inocente
intento de erotismo.
—Podemos
vernos en el jardín —propuso Rocio—. Te quiero Y Te Amo —y sus palabras fueron
acompañadas de un nuevo acercamiento de su cuerpo contra el suyo, con una
caricia y un beso.

Como está Pablo ,jajajajaaja,está k arde.
ResponderEliminarEl la provoca ,y ella responde,siempre lo deja calladito.
k pesada k es Rocío
totalmente de acuerdo con vos chari, a ver hasta cuando aguanta pablo! jajaj ;)
EliminarWow! Jajaja me encantan...jajaja ya quiero que pase algo entre ellos...
ResponderEliminarPd:Espero con ansias que puedas subir en la otra nove...y en esta obvio!
Art:Hannia
Hannia bienvenida! me alegro que te guste la nove!! ya subi otro cap
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