sábado, 5 de abril de 2014

Capitulo 13


Hola como están?  les cuentos que más tarde ya subo otro cap en la otra nove ;) como por ahi se me complica subir o me cuelgo si quieren dejenme algún contacto o algo donde yo les pueda avisar cada vez que subo y asi también me lo recuerdan para cuando me cuelgo jajaj..
bueno les dejo con el cap espero les guste :) buen fin de semana!
besos!!
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Capítulo 13

Pablo observó a Mariana instalándose elegantemente en la silla. Aquella noche llevaba un vestido de color crema y oro. El escote era discreto. Seguramente, no quería ofender a los duques vistiéndose como la prostituta descarada que era, pero aun así, el diseño era suficientemente tramposo como para que, a pesar de su supuesta modestia, realzara su sinuosa figura. La delicada gasa resplandecía bajo la luz. Llevaba el pelo trenzado y coronado por una fina diadema de oro.
Tenía un aspecto elegante, adinerado y tentador. Desde luego, Peter parecía tentado e incluso Gastón Walters que había saltado con precipitación para ayudar a Mariana a despojarse de su chal.
—le ofrecería mi ayuda, Señora Carew —se disculpó Pablo cuando Peter se apartó para ir a hablar con su tía—, pero puesto que Peter es su acompañante y Gastón  ya la ha desnudado, si es que ya no lo ha hecho antes  queda poco trabajo para mí.
Mariana le fulminó con la mirada al oírle insinuar una relación íntima con Gastón.
—No quiero obligarle a realizar ningún esfuerzo, señor Martinez—respondió con falsa dulzura—. He oído decir que últimamente  su especialidad consiste en no hacer nada —alzó la mirada y la posó durante unas décimas de segundo en Rocio—. Al parecer, sos un explorador que ha reducido su trabajo en viajes
Pablo sonrió.
—Una vez más, demostras que has estado siguiendo mis pasos. Debo fascinarle.
Advirtió un brillo de irritación en su mirada.
—Oh, en absoluto. Pero hasta Edimburgo ha llegado la noticia de que el famoso aventurero Pablo Martinez ha sido comprado por una heredera ahora está encerrado en casa, donde está a entera disposición de su prometida, cosa que también debe ser placentero
Pablo dejó escapar el aire entre los dientes. Sentía la tensión en los hombros, presionando la tela de la casaca. Esperaba no terminar reventando las costuras.
Mariana había conseguido sacarle de quicio a los cinco minutos de su encuentro. Tenía un talento especial para ello.  Pablo sabía que no debería caer en sus provocaciones, pero al parecer, no era capaz de evitarlo.
—Mientras que vos, Caroline, has recorrido un largo camino. O quizá sea más preciso decir que has realizado un empinado ascenso.
 De sobrina de un maestro a viuda de un barón hasta llegar a las vertiginosas alturas del marquesado —la recorrió de pies a cabeza con la mirada—. Podríamos decir que esta noche su  vestido está a la altura de vuestras ambiciones.
—Debe estar de muy mal humor esta noche, para reprocharme que me haya convertido en una cazafortunas cuando vos sos un profesional. ¿Ha sido la cena con su heredera la que os ha puesto de tan mal humor?
—Apuesto a que no ha sido tan emocionante como su cita con Peter —replicó Pablo sombrío.
—Hemos ido al restaurante Rules —replicó Mariana. Esbozó una seductora sonrisa—. Hemos comido ostras que, como bien sabes, son el alimento del amor.
Pablo sonrío
—Siempre me han parecido repugnantes y viscosas.
Peter reclamó entonces la atención de Mariana al ver que se encontraba muy concentrada en Pablo. Se sentó a su lado y le señaló a Pablo con frialdad que Roció estaba esperando a sentarse. Pablo adivinó la sombra de una sonrisa en los labios de Mariana cuando ésta vio la expresión de enfado de Rocio y su tensa figura.
Estaban a punto de levantar el telón.
—¿Esa mujer fue otra de tus amantes? —le susurró Rocío a Pablo completamente celosa, ignorando el hecho de que la función había empezado.
Al igual que muchos de sus contemporáneos, Rocio no iba al teatro a disfrutar de la obra, sino a ver y ser vista. De hecho, era perfectamente capaz de pasarse hablando toda una representación. Pero aun así, en aquella ocasión, su susurro hizo que varias cabezas se volvieran hacia ella.
—No —respondió Pablo cortante—. Ni es mi amante ni lo ha sido nunca.
No estaba mintiendo, pero aun así, conocía íntimamente todos los rincones de aquel cuerpo exquisito.
Tragó saliva. Nunca había tenido una memoria particularmente buena. Por lo menos para las Matemáticas, la Geografía, la navegación o cualquier otro tema que pudiera serle de utilidad. Por lo tanto, resultaba irónico que en las circunstancias menos adecuadas imaginables, recordara todos los centímetros de la sedosa piel de Mariana deslizándose bajo su mano, el pequeño lunar cerca de su ombligo, la forma que se arqueaba bajo sus caricias e incluso el fuego que se encendía en sus ojos en medio de aquel sensual placer.
Cambió incómodo de postura. El asiento estaba duro como una piedra. Igual que él.
Rezó al cielo para que Rocio no mirara hacia un lado y descubriera su inapropiada erección. Era capaz de gritar de indignación y montarle una escena y tal vez hasta con justa razón. pero no podía evitarlo.
 Los sentidos de Pablo solo eran conscientes de la presencia de Mariana.
Estaba sentada delante de él, ligeramente vuelta hacia la derecha, Parecía concentrada en la representación. La luz iluminaba el vestido dorado y la delicada curva de sus hombros. Su perfume le envolvía. Verbena y miel, un olor dulce con algunas notas acidas, como la propia Mariana. Podía ver  como su cabello escapaba legamente de la diadema y acariciaban su nuca. Quería alargar la mano, tocarlos, deslizar el dedo por su espalda. Quería sentir la seda del vestido bajo su mano, el calor del cuerpo de Mariana bajo el suyo…
Rocio le clavó el abanico en las costillas, dejándole sin respiración y jadeando de dolor.
Le estaba fulminando con la mirada por estar más pendiente de Mariana que de ella y de la obra, y no podía culparla por ello, aunque discrepara de sus métodos.
Intentó tranquilizarla con sonrisas, y pequeños susurros, para luego concentrarse en la representación, pero fue inútil al parecer, solo era capaz de recordar la exquisita bendición de hacer el amor con Mariana. Podía recordar la esencia dulce y salada de su piel mientras se acurrucaba contra él agotada y saciada.
Podía sentir el cosquilleo de su pelo contra su pecho desnudo y el roce de sus piernas enredadas con las suyas bajo las sábanas. Podía saborear sus besos. Recordaba haber permanecido despierto durante horas, escuchando el sonido de su respiración, dibujando su mejilla perfecta, su cuello, descendiendo por la curva de sus hombros mientras sus labios seguían el rastro de sus manos, embriagándose en su sabor, nuevamente su erección apareció.
Rápido trato de acomodarse el pantalón discretamente tratando de evitar que se viera su visible e incómoda erección.
Se recordaba descendiendo hasta sus senos para despertarla con una urgencia que la había hecho reír entre sus brazos mientras volvían a hacer el amor. Había sido una unión extremadamente frágil, pero en aquel entonces le había parecido un encuentro dulce y honesto sobre el que cimentar una vida en común.
Recordaba los labios de Mariana entreabriéndose bajo los suyos y el pequeño gemido de aquiescencia y rendición que había escapado de ellos la primera vez que la había besado. En aquel momento se había sentido invencible y dispuesto a comerse el mundo entero.
El arrepentimiento y la tristeza lo golpearon con impactante intensidad. Había construido sus sueños sobre una mentira. Todos aquellos sentimientos, todas sus esperanzas en el futuro, no tenían más fundamento que su imaginación y el engaño de Mariana. Le había utilizado. Desde el principio hasta el final, le había visto únicamente como un medio, como un primer paso en el camino que la llevaría a convertirse en duquesa.
Pablo volvió ligeramente la cabeza. Vio que Peter se había apoderado de la mano enguantada de Mariana y estaba apartando la tela del guante para besarle la muñeca, como había hecho él  en el carruaje. Experimentó un rabioso sentimiento de posesión que le sorprendió tanto como le disgustó.
No le convenía continuar deseando a su ex esposa. Tenía que frenar aquellos sentimientos. Su relación había terminado mucho tiempo atrás.
Observó a Mariana retirar la mano, aunque con suficiente lentitud como para que aquel gesto no pudiera interpretarse como un rechazo. Estaba riendo y miraba a Peter con el ceño ligeramente fruncido por haberla distraído de la obra.
Un movimiento inteligente, pensó Pablo, combinar la sofisticación con un infantil entusiasmo por la representación. En medio de todos aquellos espectadores que asistían al teatro únicamente por moda, el supuesto interés de Mariana se revelaba como fresco y encantador. Pero, al menos así se lo parecía a Pablo, era tan falso como su estima por Peter.
El telón bajó anunciando el final del primer acto y el volumen de las conversaciones en el teatro alcanzó proporciones ensordecedoras.
Peter  y Mariana estaban tan absortos el uno en el otro que no parecieron advertir que la primera parte de la obra había terminado. Pablo observó a Peter mientras éste se inclinaba para susurrarle algo al oído, quedando tan cerca de ella que parecía a punto de besar la delgada columna de su cuello. Se detuvo allí, permitiendo que su aliento acariciara los tiernos cabellos que caían sobre su oreja Pablo sintió crecer el enfado dentro de él. Observó a Mariana, que curvaba los labios con la más tentadora sonrisa.
Había vuelto ligeramente la cabeza, de modo que Peter pudiera ver aquella sonrisa coqueta, y le apartó después, juguetona, con un delicado golpe de abanico.
Peter  le quitó el abanico, lo sostuvo fuera de su alcance y ella, riendo, intentó recuperarlo. En aquel momento, Pablo deseó darle a Peter un buen puñetazo. Apretó las manos a ambos lados de su cuerpo.
Si hubiera tenido algo en su mano no lo pensaría dos veces se lo hubiese tirado en la cabeza de  Peter.
Aquellos coqueteos tan explícitos eran habituales en aquellos círculos, pero estaban sacándole Totalmente de quicio.
Por supuesto, se dijo a sí mismo, su frustración solo tenía que ver con Soledad. Era consciente de que sus posibilidades de convertirse en marquesa de Alton estaban disminuyendo, y todo porque Mariana era una maquinadora sin principios y Peter un joven consentido y arrogante, acostumbrado a conseguir todo lo que quería.
Mariana le descubrió mirándola. Volvió a sonreír. En aquella ocasión, asomó un brillo burlón desde las profundidades de sus ojos castaños.
Pablo desvió la mirada. Deseaba estrangularla con tal violencia que resultaba inquietante. De hecho, se alegró sinceramente cuando Rocio posó la mano en su brazo y le pidió recatadamente que la acompañara a hablar con una Persona, que estaba en el siguiente palco.
Fueron juntos del brazo, sumándose a la multitud de espectadores que iban visitando los diferentes palcos para saludar a amigos y conocidos.
En otros momentos, recordó Pablo, aquélla era la parte de la velada que más disfrutaba.
Rocio le había presentado a numerosos contactos que le habían resultado muy útiles. Había podido acceder a un ámbito de la sociedad que en otro tiempo estaba completamente fuera de su alcance y aquella posibilidad le atraía y deslumbraba más allá de toda lógica.
Cuando había conocido a Rocio, Pablo estaba en la cumbre de su celebridad. Era un héroe, un buscador de tesoros que acababa de regresar de México, el niño mimado de la alta sociedad. Había disfrutado de la notoriedad de su nombre y había utilizado sin ningún pudor su fama y los contactos de Rocio para ascender socialmente. Mariana tenía razón cuando le acusaba de ser un cazafortunas. Pero no solo buscaba el dinero, sino también las ventajas y el ascenso social que su situación podía reportarle.
Sin embargo, aquella noche, todo aquel proceso le parecía sin sentido y mortalmente aburrido. Quizá porque estaba muy cerca de conseguir todo lo que deseaba y ya no encontraba ningún elemento de desafío. Pablo pensó en su futuro como marido de Rocio, en aquel elegante y monótono modo de vida, temporada tras temporada, año tras año, sin ningún objetivo real, y descubrió que estaba casi a punto de bostezar. Advirtió que, una noble viuda, estaba frente a él y convirtió su bostezo en una sonrisa.
—Buenas noches, señora.
Tomó su mano, se inclinó con suprema elegancia y besó la mano enguantada con un anticuado gesto de galantería.
A las damas de más edad siempre les gustaban aquellas demostraciones de cortesía y a menudo se quejaban de la falta de modales de las generaciones más jóvenes.  La Señora se sonrojó y farfulló:
—Rocio, querida, deberías casarte con este joven antes de que me fugue yo con él.
Pablo sonrió mecánicamente y dijo todo lo que se suponía debía decir en aquellas circunstancias.
Pero a Roció no le gusto aquel comentario, pese a que tenía mucho más edad que él, ella se puso celosa y  fue arrastrándole de grupo en grupo.
Pablo sentía su mano sobre su brazo como una esposa de hierro a medida que avanzaban. Aquélla, se recordó a sí mismo, era una de las razones por las que le había propuesto matrimonio. Era bella, rica, tenía muy buenas relaciones y estaba encantada con él …Y ya nada de eso ahora parecía importarle en absoluto.
Pablo se quedó petrificado allí donde estaban. Aquello, se recordó, era todo lo que siempre había querido: dinero, éxito y estatus. Y todavía continuaba deseando el dinero, la fama y todo lo que con ello podía conseguir, pero cuando Rocio volvió a tirarle del brazo, tuvo la sensación de que el precio a pagar era exageradamente alto.
—¡Pablo! ¡Pablo! —le susurró Rocio al oído captando su atención.
Al principio, Pablo pensó que estaba urgiéndole a responder a alguna obligación social, pero después, comprendió horrorizado que Rocio estaba aprovechando el breve momento de intimidad que le daba el estar detrás de una columna para estrecharse contra él, dándole un  beso y susurrarle al oído:
—Ven conmigo esta noche.
Pablo sintió la humedad de su lengua en la boca en lo que asumió era un inocente intento de erotismo.

—Podemos vernos en el jardín —propuso Rocio—. Te quiero Y Te Amo —y sus palabras fueron acompañadas de un nuevo acercamiento de su cuerpo contra el suyo, con una caricia y un beso.

4 comentarios:

  1. Como está Pablo ,jajajajaaja,está k arde.
    El la provoca ,y ella responde,siempre lo deja calladito.
    k pesada k es Rocío

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    1. totalmente de acuerdo con vos chari, a ver hasta cuando aguanta pablo! jajaj ;)

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  2. Wow! Jajaja me encantan...jajaja ya quiero que pase algo entre ellos...

    Pd:Espero con ansias que puedas subir en la otra nove...y en esta obvio!

    Art:Hannia

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    1. Hannia bienvenida! me alegro que te guste la nove!! ya subi otro cap

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