Capítulo 4
Pablo
miró el rostro exquisito y desafiante de su esposa y sintió que su genio crecía
peligrosamente. Era condenadamente bella y su cuerpo reaccionaba a la tentación
que representaba a pesar de que su razón la despreciaba y la consideraba la más
hipócrita y maniobrera prostituta de la tierra. Quería besarla. Quería tomar
aquellos labios sensuales con los suyos, mordisquearle el labio inferior,
deslizar la lengua en su boca y saborearla con toda la explosiva pasión que
habían conocido. Quería demostrarle que su pretendida indiferencia era una
farsa. Quería desgarrar la gasa de aquel vestido plateado y saquear su cuerpo
sin piedad, hasta que terminara desmayada entre sus brazos.
Era
un infierno, cuando se había comprometido con Rocio, había renunciado a otras
mujeres, tal vez 1 desliz sin importancia, pero se había reformado pero ahora Pablo sabía que no se había
reformado en absoluto.
La
peligrosa atracción que sentía hacia Mariana era una prueba de ello. Si tuviera
la menor oportunidad, haría el amor con ella con despiadado abandono y se
deleitaría en aquella experiencia. Nunca como entonces le había parecido la
castidad una opción menos apetecible.
Jamás su compromiso le había parecido tan
gris y anodino en contraste con su traicionera ex esposa.
Sentía
el pulso de Mariana latiendo bajo sus dedos. La delicada seda de los guantes no
era suficiente protección contra él. Sabía que Mariana le deseaba tanto como él
a ella.
Pero
aun así, estaría dispuesto a estrangularla. La desleal y mentirosa Mariana, que parecía tan radiante e inocente,
le había tomado por sorpresa.
Él creía haber seducido y haberse casado con
una jovencita ingenua.
En cambio, era ella la que le había utilizado para ganar
experiencia del mundo.
Pablo
tuvo que someterse a una estricta autodisciplina para no perder el control.
Sentía el filo de un enfado tan cortante como una cuchilla. Un momento antes,
cuando le había reprochado a Mariana las mentiras de su familia, había advertido
una fugaz inseguridad.
Había visto el impacto de la sorpresa en su
mirada y había llegado a pensar que quizá ella ignorara aquella vil mentira.
Sus
palabras burlonas habían puesto fin a aquella posibilidad. Lejos de ser una
víctima, Mariana estaba en el corazón de aquel plan para engañarle.
La
miró. Ella también le observaba y, a pesar de la fuerte atracción que los unía,
había un brillo burlón en sus ojos castaños.
Pablo
se preguntó cómo era posible que se hubiera confundido tanto con una mujer.
La
Mariana Esposito que había conocido a los dieciocho años era una mujer
tímida y dulce. Le resultaba difícil comprender cómo había llegado a
convertirse en aquella descarada criatura. Por otra parte, tenía que aceptar
que habían pasado siete años desde entonces. Él tenía entonces veinte
años y quizá no fuera el hombre de mundo que le gustaba imaginar. Sin
lugar a dudas, había sido un auténtico iluso. En lo que se refería a su
adorable esposa, su capacidad de juicio había quedado espectacularmente puesta entre
dicho.
—No
tenías necesidad de casarte conmigo si lo único que querías era deshacerte de
tu virginidad —dijo sombrío pero con furia—. Deberías habérmelo dicho. Habría
estado más que encantado de cumplir con tus deseos sin necesidad de pasar por
la iglesia y sin firmar nada.
Se
miraron a los ojos. Pablo vio el sensual color que iluminaba los de Mariana,
haciéndolos de un Marrón oscuro y brillante como el de las gemas. En
décimas de segundo, se sintió transportado desde aquel bullicioso salón a la
oscura intimidad de su lecho de matrimonio. Había sido una sola noche. Toda una
noche de dulce deseo y una pasión más rica y más profunda de lo que había
soñado jamás.
Mariana
había sido la primera y única mujer a la que había amado. La sensación de
intimidad que habían compartido había sido más aterradora que el inquietante
placer que había encontrado entre sus brazos. Había sido una emoción
suficientemente fuerte y profunda como para unirle a ella para siempre. Pero al
día siguiente, Mariana había escapado, destrozándolo todo
En
aquel momento, Mariana lo estaba mirando con profundo desdén y el deseo había
desaparecido de sus ojos.
—Me
temo que no lo entiendes. Claro que era necesario el matrimonio. No quería ser
una prostituta.
Pablo
la examinó con estudiado desprecio.
—En
tu caso, me cuesta comprender cuál es la diferencia.
Mariana
entrecerró los ojos con expresión hostil.
—En
ese caso, permíteme explicártelo —respondió.
Pablo
la observó trazar un dibujo con los dedos enguantados en el cristal de la
ventana—. Era terriblemente aburrido vivir en casa de mis tíos. Éramos pobres y
eso no me gustaba. Sabía que era suficientemente hermosa e inteligente como
para seducir a un hombre rico y casarme con él, pero necesitaba experiencia,
además de belleza. En ese pueblo nadie iba a mirarme dos veces, al fin y al
cabo, solo era la nieta del maestro —se movió ligeramente y el diamante que
llevaba en el cuello resplandeció—. Tenía miedo de quedar atrapada para siempre
en aquel lugar y terminar muriendo de aburrimiento.
Acarició
el diamante con expresión pensativa.
—Así
que arme un plan. Casarme contigo, aprender todo lo que necesitaba e ir después
en busca de mejores opciones —le miró a los ojos—. Tú no eras nadie, Pablo
—le recordó con falsa delicadeza—. No tenías dinero y apenas tenías algún
proyecto. Pero comprendí que podías serme útil —sus ojos brillaban con dureza—.
Quería ser suficientemente joven, bella e intrigante como para conseguir que un
hombre rico se casara conmigo. No me bastaba con convertirme en una amante. Necesitaba
ser una mujer respetable para poder atrapar a un marido —curvó su sensual boca
en una sonrisa—, pero suficientemente perversa como para complacerlo en la
cama.
Se
alejó de él, de manera que lo único que podía ver Pablo de su rostro era el
reflejo que le devolvía el cristal de la ventana y su sonrisa.
—Debo
decir que llegué a ser realmente buena. Me hacía pasar por viuda. Y tuve muchos
pretendientes.
Pablo
le creyó. Era suficientemente hermosa como para tentar a un santo y poseía un
sensual atractivo suficientemente provocativo como para que cualquier hombre
deseara complacerla, además de poseerla. Por supuesto, Mariana apuntaba mucho
más alto que a ser una prostituta. Eso habría sido una maldición que le habría
impedido ser considerada una mujer respetable. En cambio, una viuda atractiva
atraía a pretendientes como las moscas a la miel. Seguro que había muchos que
habían suplicado su atención. Solo él sabía el corazón corrupto que se ocultaba
tras aquella adorable fachada.
—Así
que decidiste matarme a mí, tras haberte dado muerte a ti misma. Lo tenías todo
muy bien organizado.
—Oh,
en realidad, nunca mencioné tu nombre —respondió Mariana—. Nadie preguntaba por
mi primer marido. Supongo que si lo hubieran hecho, habría admitido que había
tenido que anular mi matrimonio y lo habría presentado como una imprudencia
juvenil —arqueó las cejas, como si estuviera invitándole a felicitarla—. Era un
buen plan, ¿verdad?
—Todavía
me cuesta entender la diferencia entre ser una Prostituta y ser una mujer que
compra un marido rico utilizando su cuerpo.
Mariana
se encogió de hombros, aparentemente indiferente a su desaprobación.
—Eres
demasiado particular. Todo el mundo utiliza las ventajas que posee.
Y
eran muchas las que Mariana poseía, pensó Pablo sombrío.
Un
rostro angelical, un cuerpo adorable de movimientos elegantes, y una naturaleza
codiciosa y despreocupada del dolor que pudiera infligir a los demás. Era una
pena que no hubiera sido capaz de reconocer lo evidente cuando la había
conocido, pero entonces solo era un joven inocente enfrente de una mujer
hermosa. No había pensado con la cabeza, sino con una parte diferente y mucho
más básica de su anatomía.
Sintió
frío ante la insensibilidad que reflejaba aquel plan. Había sido una aventurera
desde el primer momento. Se había casado con él, había aprendido las artes que
necesitaba y después le había dejado para ir en busca de una presa más
suculenta. Armada con la anulación matrimonial, era libre para volver a
casarse.
Pablo
era consciente de hasta qué punto, la combinación de su juventud, su belleza,
su ingenio y su experiencia con aquel misterioso pasado podían seducir a un
hombre rico. Diablos, era obvio que ya tenía subyugado a Peter.
Incluso
él era incapaz de mirarla sin desear saborear cada milímetro de aquel cuerpo
exquisito y perfecto, a pesar de saber que era una consumada mentirosa.

OHHHH BIEN!!! Esto si que se puso bueno!!!!
ResponderEliminarLali esta muy muy mala... tiene una actitud q ha tenido q formar a la fuerza por todas las circunstancias q ha vivido, no culpo su enojo en cierto punto lo comprendo!!!!
Y Pablo por dios q va a hacer??? Con la actitud q ella le presenta es dificil no actuar mal...
QUIERO VER COMO SIGUE ESTO Y MAS CUANDO SE AGREGUE AL QUILOMBO VALERIA Y PETER!!!
Espero q estes bien y leerte prontito... Besos... :D
K esconde Mariana ,d ese pasado ,ademas d un hij@.
ResponderEliminarNo me creo para nada los motivos k le ha dado .
Pablo ,jajajajaja,pobrecito ,la k le espera ,aún ni sabe k no esta separado ,k sigue casado con ella ,y aun sin saber eso ,está k arde d deseo.
Y cuando le pregunte si encontró a su millonario k le responderá Mariana,xk ella no se puede casar y sabe k su matrimonio aún es válido ,nunca se separó.