jueves, 20 de febrero de 2014

Capitulo 4 Una Dudosa Reputación


Capítulo 4

Pablo miró el rostro exquisito y desafiante de su esposa y sintió que su genio crecía peligrosamente. Era condenadamente bella y su cuerpo reaccionaba a la tentación que representaba a pesar de que su razón la despreciaba y la consideraba la más hipócrita y maniobrera prostituta de la tierra. Quería besarla. Quería tomar aquellos labios sensuales con los suyos, mordisquearle el labio inferior, deslizar la lengua en su boca y saborearla con toda la explosiva pasión que habían conocido. Quería demostrarle que su pretendida indiferencia era una farsa. Quería desgarrar la gasa de aquel vestido plateado y saquear su cuerpo sin piedad, hasta que terminara desmayada entre sus brazos.
Era un infierno, cuando se había comprometido con Rocio, había renunciado a otras mujeres, tal vez 1 desliz sin importancia, pero se había reformado  pero ahora Pablo sabía que no se había reformado en absoluto.
La peligrosa atracción que sentía hacia Mariana era una prueba de ello. Si tuviera la menor oportunidad, haría el amor con ella con despiadado abandono y se deleitaría en aquella experiencia. Nunca como entonces le había parecido la castidad una opción menos apetecible. 
Jamás su compromiso le había parecido tan gris y anodino en contraste con su traicionera ex esposa.
Sentía el pulso de Mariana latiendo bajo sus dedos. La delicada seda de los guantes no era suficiente protección contra él. Sabía que Mariana le deseaba tanto como él a ella.
Pero aun así, estaría dispuesto a estrangularla. La desleal y mentirosa  Mariana, que parecía tan radiante e inocente, le había tomado por sorpresa.
 Él creía haber seducido y haberse casado con una jovencita ingenua. 
En cambio, era ella la que le había utilizado para ganar experiencia del mundo.
Pablo tuvo que someterse a una estricta autodisciplina para no perder el control. Sentía el filo de un enfado tan cortante como una cuchilla. Un momento antes, cuando le había reprochado a Mariana las mentiras de su familia, había advertido una fugaz inseguridad.
 Había visto el impacto de la sorpresa en su mirada y había llegado a pensar que quizá ella ignorara aquella vil mentira.
Sus palabras burlonas habían puesto fin a aquella posibilidad. Lejos de ser una víctima, Mariana estaba en el corazón de aquel plan para engañarle.
La miró. Ella también le observaba y, a pesar de la fuerte atracción que los unía, había un brillo burlón en sus ojos castaños.
Pablo se preguntó cómo era posible que se hubiera confundido tanto con una mujer.
La Mariana Esposito que había conocido a los dieciocho años era una mujer tímida y dulce. Le resultaba difícil comprender cómo había llegado a convertirse en aquella descarada criatura. Por otra parte, tenía que aceptar que habían pasado siete años desde entonces. Él tenía entonces veinte años y quizá no fuera el hombre de mundo que le gustaba imaginar. Sin lugar a dudas, había sido un auténtico iluso. En lo que se refería a su adorable esposa, su capacidad de juicio había quedado espectacularmente puesta entre dicho.
—No tenías necesidad de casarte conmigo si lo único que querías era deshacerte de tu virginidad —dijo sombrío pero con furia—. Deberías habérmelo dicho. Habría estado más que encantado de cumplir con tus deseos sin necesidad de pasar por la iglesia y sin firmar nada.
Se miraron a los ojos. Pablo vio el sensual color que iluminaba los de Mariana, haciéndolos de un Marrón oscuro y brillante como el de las gemas. En décimas de segundo, se sintió transportado desde aquel bullicioso salón a la oscura intimidad de su lecho de matrimonio. Había sido una sola noche. Toda una noche de dulce deseo y una pasión más rica y más profunda de lo que había soñado jamás.
Mariana había sido la primera y única mujer a la que había amado. La sensación de intimidad que habían compartido había sido más aterradora que el inquietante placer que había encontrado entre sus brazos. Había sido una emoción suficientemente fuerte y profunda como para unirle a ella para siempre. Pero al día siguiente, Mariana había escapado, destrozándolo todo
En aquel momento, Mariana lo estaba mirando con profundo desdén y el deseo había desaparecido de sus ojos.
—Me temo que no lo entiendes. Claro que era necesario el matrimonio. No quería ser una prostituta.
Pablo la examinó con estudiado desprecio.
—En tu caso, me cuesta comprender cuál es la diferencia.
Mariana entrecerró los ojos con expresión hostil.
—En ese caso, permíteme explicártelo —respondió.
Pablo la observó trazar un dibujo con los dedos enguantados en el cristal de la ventana—. Era terriblemente aburrido vivir en casa de mis tíos. Éramos pobres y eso no me gustaba. Sabía que era suficientemente hermosa e inteligente como para seducir a un hombre rico y casarme con él, pero necesitaba experiencia, además de belleza. En ese pueblo nadie iba a mirarme dos veces, al fin y al cabo, solo era la nieta del maestro —se movió ligeramente y el diamante que llevaba en el cuello resplandeció—. Tenía miedo de quedar atrapada para siempre en aquel lugar y terminar muriendo de aburrimiento.
Acarició el diamante con expresión pensativa.
—Así que arme un plan. Casarme contigo, aprender todo lo que necesitaba e ir después en busca de mejores opciones —le miró a los ojos—. Tú no eras nadie, Pablo —le recordó con falsa delicadeza—. No tenías dinero y apenas tenías algún proyecto. Pero comprendí que podías serme útil —sus ojos brillaban con dureza—. Quería ser suficientemente joven, bella e intrigante como para conseguir que un hombre rico se casara conmigo. No me bastaba con convertirme en una amante. Necesitaba ser una mujer respetable para poder atrapar a un marido —curvó su sensual boca en una sonrisa—, pero suficientemente perversa como para complacerlo en la cama.
Se alejó de él, de manera que lo único que podía ver Pablo de su rostro era el reflejo que le devolvía el cristal de la ventana y su sonrisa.
—Debo decir que llegué a ser realmente buena. Me hacía pasar por viuda. Y tuve muchos pretendientes.
Pablo le creyó. Era suficientemente hermosa como para tentar a un santo y poseía un sensual atractivo suficientemente provocativo como para que cualquier hombre deseara complacerla, además de poseerla. Por supuesto, Mariana apuntaba mucho más alto que a ser una prostituta. Eso habría sido una maldición que le habría impedido ser considerada una mujer respetable. En cambio, una viuda atractiva atraía a pretendientes como las moscas a la miel. Seguro que había muchos que habían suplicado su atención. Solo él sabía el corazón corrupto que se ocultaba tras aquella adorable fachada.
—Así que decidiste matarme a mí, tras haberte dado muerte a ti misma. Lo tenías todo muy bien organizado.
—Oh, en realidad, nunca mencioné tu nombre —respondió Mariana—. Nadie preguntaba por mi primer marido. Supongo que si lo hubieran hecho, habría admitido que había tenido que anular mi matrimonio y lo habría presentado como una imprudencia juvenil —arqueó las cejas, como si estuviera invitándole a felicitarla—. Era un buen plan, ¿verdad?
—Todavía me cuesta entender la diferencia entre ser una Prostituta y ser una mujer que compra un marido rico utilizando su cuerpo.
Mariana se encogió de hombros, aparentemente indiferente a su desaprobación.
—Eres demasiado particular. Todo el mundo utiliza las ventajas que posee.
Y eran muchas las que Mariana poseía, pensó Pablo sombrío.
Un rostro angelical, un cuerpo adorable de movimientos elegantes, y una naturaleza codiciosa y despreocupada del dolor que pudiera infligir a los demás. Era una pena que no hubiera sido capaz de reconocer lo evidente cuando la había conocido, pero entonces solo era un joven inocente enfrente de una mujer hermosa. No había pensado con la cabeza, sino con una parte diferente y mucho más básica de su anatomía.
Sintió frío ante la insensibilidad que reflejaba aquel plan. Había sido una aventurera desde el primer momento. Se había casado con él, había aprendido las artes que necesitaba y después le había dejado para ir en busca de una presa más suculenta. Armada con la anulación matrimonial, era libre para volver a casarse.
Pablo era consciente de hasta qué punto, la combinación de su juventud, su belleza, su ingenio y su experiencia con aquel misterioso pasado podían seducir a un hombre rico. Diablos, era obvio que ya tenía subyugado a Peter.

Incluso él era incapaz de mirarla sin desear saborear cada milímetro de aquel cuerpo exquisito y perfecto, a pesar de saber que era una consumada mentirosa.

2 comentarios:

  1. OHHHH BIEN!!! Esto si que se puso bueno!!!!
    Lali esta muy muy mala... tiene una actitud q ha tenido q formar a la fuerza por todas las circunstancias q ha vivido, no culpo su enojo en cierto punto lo comprendo!!!!
    Y Pablo por dios q va a hacer??? Con la actitud q ella le presenta es dificil no actuar mal...
    QUIERO VER COMO SIGUE ESTO Y MAS CUANDO SE AGREGUE AL QUILOMBO VALERIA Y PETER!!!
    Espero q estes bien y leerte prontito... Besos... :D

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  2. K esconde Mariana ,d ese pasado ,ademas d un hij@.
    No me creo para nada los motivos k le ha dado .
    Pablo ,jajajajaja,pobrecito ,la k le espera ,aún ni sabe k no esta separado ,k sigue casado con ella ,y aun sin saber eso ,está k arde d deseo.
    Y cuando le pregunte si encontró a su millonario k le responderá Mariana,xk ella no se puede casar y sabe k su matrimonio aún es válido ,nunca se separó.

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