sábado, 22 de febrero de 2014

Capitulo 5 Una dudosa Reputación


Hola como están? vuelvo a dejarles otro cap, espero que les guste!
;) Besos!!

CAP 5
—Te confundes si crees que no eres una prostituta. Te estás prostituyendo por dinero, tanto si hay matrimonio de por medio como si no.
La luz de las velas titilaba en los ojos de Mariana que, por un instante, parecieron en total desacuerdo con sus atrevidas palabras. Pero pronto desapareció aquella inseguridad y todo lo que quedó en ellos fue un desprecio absoluto.
—Supongo que eres el más indicado para saberlo, Pablo —le espetó—. ¿No estás haciendo tú lo mismo, al intentar atrapar a una rica heredera valiéndote de tu aspecto y de tus encantos? —arqueó sus cejas perfectas—. Si yo soy una prostituta, ¿tú qué eres?
Pablo furioso, dio un paso hacia ella, pero se detuvo al ver el brillo triunfante de su mirada. Era obvio que Mariana se alegraba de haberlo incitado a cometer una indiscreción. Tomó aire.
—Te equivocas si piensas que aprendiste todo sobre cómo complacer a un hombre al pasar una sola noche a mi lado —respondió—. Pero si deseas ampliar tu experiencia, estoy a tu entera disposición.
—Al igual que siete años atrás —sonrió sin perder la compostura y con la misma frialdad que el agua del deshielo
—. Te lo agradezco, pero no es necesario. He corregido ya las deficiencias de mi educación durante estos últimos años.
Pablo estaba seguro de que así era. Había vuelto a casarse con el hombre que le daba su apellido, Carew, presumiblemente, un próspero barón. Quizá había habido otros amantes, e incluso matrimonios previos, y se había convertido en una viuda rica y, sospechaba, en busca de otro trofeo. Un marqués, quizá.
Le había engañado. Le había utilizado a conciencia y sin piedad. Mariana le había considerado el primer escalón para el éxito.
Él, un cazafortunas, debería apreciar su estrategia. Pero no era capaz.
De pronto, vio desvanecerse, como la niebla bajo la luz del sol, las esperanzas que Soledad había puesto en el futuro.
Veía la vulnerabilidad de su hermana, y también la suya, cuando apenas acababan de introducirse en los círculos de la alta sociedad. Un paso en falso, un golpe de mala suerte, y volverían a la pobreza y la desesperación que había rodeado su infancia en las calles de Dublín.
Pablo había tenido la posibilidad de vivir rodeado de riqueza, pero también en una abyecta pobreza. Como hijo de un jugador compulsivo, había conocido los extremos de la fortuna y la miseria cuando todavía vestía pantalones cortos. Ese temor le había perseguido desde entonces. No podía permitir que Mariana le arrebatara a Soledad su futuro o que arruinara sus planes. Tenía que vigilarla de cerca y controlar todos y cada uno de sus movimientos.
Mariana inclinó la cabeza hacia él con burlona educación.
—Buenas noches, Pablo . le deseo suerte como cazador de fortunas —bromeó.
—¿Lo dices en serio? —preguntó Pablo con incredulidad.
Mariana sonrió.
—Te lo deseo con la misma intensidad con la que tú me deseas suerte en la búsqueda de la mía.
Pablo la observó alejarse. Su figura, enfundada en aquel sinuoso vestido, era una llama de plata. Los diamantes resplandecían en su pelo y en sus zapatos bordados.
Vigilarla de cerca… Por una parte, no sería una experiencia desagradable. Pero, por otra, quizá fuera la experiencia más peligrosa de su vida.
Se recostó contra un ventanal mirando al suelo, tratando de digerir lo ocurrido, tal vez el sea un cazafortuna pero lo que más le impulsaba a ello era asegurar el futuro de su hermana, sin embargo él jamás fue tan cruel, como ella.
Sintió una opresión en el pecho. tenía tantos sentimientos encontrados, Jamás pensó que mariana le haría eso.
Cuando él fue a buscarla y sus tio le dijeron que había muerto,  la había llorado tanto, se había sentido tan perdido, que todo había perdido sentido a su alrededor, que le llevaron a cometer errores.
Aprendió a sobrevivir y con el tiempo la dejo de atrás, pero ella siempre fue a la única mujer que amo, y hoy revivía ente sus ojos mostrándose como realmente era, todo el tiempo lo había usado sin compasión arruinándole la vida.  Inevitablemente sus ojos se llenaron de lágrimas, sus palabras, su frialdad destruyo todo el recuerdo de un amor que el guardaba en lo más profundo de su ser, hoy de eso ya no había nada.
Seco sus lágrimas con furia esta vez no iba derramar más lagrimas por ella, esta vez no iba arruinar sus planes, esta vez le demostraría que  Pablo Martinez no era más aquel iluso que ella conoció, si quería pelea la tendría.  
Mariana todavía temblaba cuando subió al carruaje. No esperaba que Pablo la siguiera. Se había asegurado de que no se le ocurriera hacerlo. Pero la hostilidad de su encuentro continuaba palpitando en su sangre con una fuerza primitiva. Le resultaba imposible pensar que en otro momento de sus vidas, Pablo  y ella habían hecho el amor con exquisita ternura. Porque ya no quedaba nada de aquel sentimiento.
Recordó la amarga condena de Pablo, el odio que reflejaban sus ojos, y sintió un profundo arrepentimiento. Pero no había otra forma de alejarlo de ella. No podía permitir que nadie descubriera la verdad sobre su pasado cuando había tantas cosas en juego.
Aquél sería su último trabajo. Con el dinero que le pagaran los duques de Alton por conseguir distanciar a su hijo de Soledad, tendría suficiente para pagar sus deudas, volver a Escocia y proporcionar un hogar a sus pequeños  Max y Bianca, los hijos de su mejor amiga.
Necesitaban estar los tres juntos, formar una familia, como lo habían hecho al principio.
Mariana sintió un dolor tan repentino y fuerte en el corazón que apenas podía respirar al recordar nuevamente las palabras de pablo y su mirada de profundo desprecio y odio.
 Odiaba su vida, odiaba tener que representar aquel papel, odiaba el engaño y, sobre todo, odiaba no tener a nadie en quien confiar. Estaba sola. Siempre había estado sola, desde el momento en el que sus tíos la habían echado de su casa, la habían repudiado cuando solo tenía diecisiete años.
Acarició el diamante que lucía en el cuello. Un diamante prestado, al igual que el carruaje y la casa de Street, el vestido de gasa y los zapatos de baile. Nada era real. Era una falsa dama, una Cenicienta cuyo mundo se desvanecería como el humo en el momento en el que alguien descubriera la verdad.
Acarició el vestido con una delicadeza casi reverencial. Cuando se dedicaba a vender vestidos como aquéllos para ganarse la vida, terminaba desmayada de agotamiento después de pasar horas y horas trabajando apenas sin luz, con los dedos hinchados y arañados por las agujas y el hilo. Soñaba entonces con poder vestir una creación como aquéllas y ser algún día la protagonista del baile. Aquella noche se había presentado en el baile como una princesa de cuento de hadas, pero bajo las capas de seda y encaje, continuaba viviendo Mariana Espositos, un fraude que temía ser descubierto.
Una vez más, apareció el rostro de Pablo en su mente.
Un rostro duro, implacable, con expresión burlona. Él era el único con el que debía tener cuidado. Si por un momento sospechara lo que le había pasado, que había sido desheredada, abandonada y arrojada a las calles, comenzaría a hacer preguntas que Mariana quería evitar. Pablo era el único que podía descubrir su pasado y arruinar así el futuro que tan cerca estaba de alcanzar.
Reclinó la cabeza contra el mullido asiento y cerró los ojos. Deseó entonces no haberse fugado para casarse con Pablo en secreto en la primera y última acción impulsiva de su vida.
Y no haber ido a la mañana siguiente a ver a el primo de Pablo, para confesarle lo que había hecho y pedirle apoyo para ambos.
Se arrepentía también de haber regresado después a la seguridad de la casa de sus tíos, fingiendo que no había pasado nada. Y de haberse quedado embarazada de Pablo…
Una pésima decisión había desencadenado toda una serie de acontecimientos que la habían llevado hasta un hospicio y a una desesperación tal que esperaba no tener que volver a pasar nunca por nada parecido.
El cuerpecito de su hija envuelto en una miserable manta, la pobreza le había impedido poder tener a su hija con vida, Las palabras del pastor, la niebla gris del amanecer envolviendo el cementerio de Edimburgo…
Con un gemido de dolor, Mariana enterró el rostro entre las manos. Las dejó caer después y fijó la mirada en la oscuridad con los ojos secos. No debía volver a pensar en ello. Nunca más
Las nubes oscuras se cernían sobre ella como alas negras. Las apartó, cerró los ojos y tomó aire hasta que el pánico cedió y volvió la calma a su mente

3 comentarios:

  1. Por Dios q vida de miserias ha tenido q vivir Lali y aun asi estar de pie... Admiro su fortaleza es como la de muy pocas personas... no solo afronto sus problemas sola sino q lo hizo con la peor precariedad, asumiendo y sufriendo sola la perdida de un hijo y con el cargo de dos niños q de seguro han sido su gran apoyo y fortaleza... Pero aun asi hay mucho misterio por descubrir y quiero saberlos yaaaaa...
    Me encanta la nove... Espero leernos pronto y q estes de diez... Besos!!! :D

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  2. Holaaa percha huniera jurado que lei el capi, cuando entre pense que era el mismo , uff que mal hubiera leido antes pero bueno se que vas a subir hoy mismo me muero por seguir leyendo me quede congelada con el final pobre Lali es muy triste lo que tuvo que pasar y perder al minipayasita , pero que este a cargo de esos dos pequeños indica lo buena ymaternal que es , me intriga saber porque huyo cuandoe staba embarazada, ahora Pablo no pierde el tiempo para herirla y eso porque le tine ganas, me muero por leer la reaccion de Pablo al saber que perdio a su hija que tristeza mas grande, me encanta esta adaptacion percha quiero saber el porque de todo jajaj, besos espero ansiosa el proximo en minutos quiero suponer jajaj, besos muchos

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  3. Impresionante x todo lo k tuvo k pasar ella sola con tan solo 17 años.
    Habla muy bien d ella k se hizo cargo d los hijos d su amiga .
    Pero como k falta algo ,sigue ocultando cosas ,xk podría haber hablado con Pablo antes,y hacerse cargo entre los dos.

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